miércoles, 21 de octubre de 2009

Te mando la oferta al carajo, me subís la demanda con tutti, boló


Nos guste o no, gran parte de nuestra vida anímica se rige por esta basiquísima ley económica. A fin de cuentas, somos seres espirituales contenidos en recipientes (y por ende conductas) materiales. En innumerables circunstancias ya hemos probado y comprobado que este viejo paradigma de la pubertad de hacerse los difíciles es lo que para fines prácticos mejor funciona con el sexo opuesto.

Y no sólo se limita al opuesto. Y no sólo se limita al sexo.

Siempre se desea lo que no está accesible, hay que aceptarlo: la raíz de aquella patética teoría de las manzanitas más altas del árbol -aunque terriblemente enunciada, y fuertemente marcada con nauseabundos tintes de moralina- tiene un poco mucho de razón.

Ojo, no digo que sea la única o mejor forma de relacionarse y/o obtener cosas de los demás. No. Ni siquiera puede considerarse una estrategia como tal, pues es algo que no se planea en absoluto: su magnífico poder recae en la espontaneidad con la que se use. Por lo tanto, es una táctica que da resultados de inmediato.

El proceso es sencillo y por lo general consta de los siguientes pasos, a saber:

0. Elija a alguien que sea de SU interés. Esto es muy importante, porque si a usted no le interesa, es probable que esté manejando involuntariamente una oferta muy limitada, pero sin la atención suficiente y por ende, sin resultado alguno.

1.Decídase usted a dedicarle una genuina y especial atención a ese alguien, déle constantemente un lugar del que a la larga se pueda creer merecedor y dueño/a.

2. Un buen día, retírele esa atención y trátelo/a de modo neutral. No quiere decir que sea usted agresivo ni descortés, ni mucho menos malora (ja, malora, qué palabra...), solamente le pedimos un poquito de... indiferencia. Ignórelo/a olímpicamente. Oculte mercancías, no enseñe, no oferte.

3. Si el susodicho/a está pendiente de usted, o tal vez de su propio ego, se parará de pestañas y reaccionará. No se sabe con qué objeto, pero aumentará considerablemente su demanda de ese producto que usted, por alguna razón, ya no le está ofertando.

De ahí a que el sujeto le compre, eso sí ya quién sabe. En esa decisión influyen otros factores, como ser el poder adquisitivo del sujeto/a, las variaciones estacionales de la demanda, si su producto es un bien de lujo y si está o no gravado (con eso de que el tema está tan de moda), etc etc etc.

Pero lo bello de esto es que ya ha creado usted un eficiente sistema de "tire y afloje" que lo acompañará en sus relaciones por el resto de su vida, y que le podrá ser muy útil en diversas e inesperadas situaciones.

Nota al Pie: en psicoanálisis esto sería como construir una linda y flexible interacción histérica/obsesivo, apelando a esa histeriquita y a ese pequeño obsesivo que todos llevamos dentro.

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