Lo difícil no es hallarlo
es tan sólo poder verlo
sin retrucos ni cristales.
Que no escurra entre los dedos
como azúcar destilada.
Siga siendo tibio al tacto
como fue en el pensamiento
a la hora de inventarse.
Lo que no dice el abrazo
impregnado de cautela
lo que se pierde en la duda
lo despeja la letal incertidumbre en la caricia
la elocuencia de un rugido primordial y placentero.
De los párpados cansados nada sabe la locura
la que salta y no usa redes
la impaciencia del suicida
por el vértigo invocado
nunca pudo resistirse
al deseo de lamer
lo inesperado.
No se dice "corazón"
es mejor decir "espero"
no pronuncies tu sentencia
sin sentir lo que aúlla el cielo.
Lo sencillo no es buscarlo
es dejar que te sorprenda
como un golpe, la inocencia.
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