sábado, 4 de febrero de 2012

De por qué vemos películas como Blue Valentine aunque...

No voy a escribir un resumen técnico de la película, porque lo pueden encontrar aquí, y mejor de lo que yo lo podría hacer.















No, lo que voy a analizar es por qué este tipo de películas dolorosas son necesarias para los que nos consideramos cinéfilos de hueso colorado.

Sostienen ciertos "sabios populares" que uno no va al cine a sufrir ni a quebrarse la cabeza, simplemente a pasar un buen rato.

Muy válido para quienes su cerebro y emociones funcionen bien así, evadiéndose constantemente, pero para quienes nos gusta ir un poquito más allá de lo evidente, ver posibles reflejos, o simplemente olvidarse del propio mini drama personal por al menos dos horas, este tipo de películas puede ser adecuado.

Ojo, hay que estar de ánimo para verlas, creo que si uno anda depre o viviendo una situación similar, me parece que no es recomendable. Como bien lo dicen muchas sinopsis, esta es una historia de amor vista con flashazos al pasado tan bien ubicados que ayudan a construir un ambiente emocional tremendamente desgarrador.

Personajes muy cotidianos, si se quiere hasta vulgares, viviendo un presente de hastío en el cual sí se puede imaginar un inicio apasionado y tierno. Es una historia posible, lógica, terrenal, y entre más posible la ves, más desgarradora te parece.

Para mí debería ser un punto casi obligado pasar esta película en las clases de educación sexual en secundaria y/o primaria. Sí, puede llegar a ser desolador para un puberto lleno de sueños, (y de hormonas) pero creo que ayuda a ver la vida en pareja desde una perspectiva más realista: esa mamada del "contigo, pan y cebolla" (que a decir verdad no sé de donde sale) es la cosa más estúpida que hayan inventado jamás. Y ojo, en esta pareja el problema no pasa por lo económico.

Enamorarse no es lo mismo que ser capaz de tener una familia y un proyecto de vida compartido con otra persona. Tampoco implica que uno automáticamente podrá renunciar a ciertos sueños y aspiraciones, o incluso tolerar y celebrar las diferencias entre un individuo y otro.

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