miércoles, 22 de abril de 2009

Anoche antes de irme a dormir estuve haciendo algo que pocas veces hago: zapping. Me quedé un rato en Miami Ink (de hecho creo que era L.A. ink), el programa de los tatuadores del People and Arts, que siempre me entretiene: salía un cuate que se hizo unos botones en los brazos, una chava veggie que se tatuó una linda puerca en la espalda, etc. De hecho las razones por las que se tatúan, o las cosas que se tatúan, a veces se me hacen medio cursis y/o bizarras, pero eso lo hace aún mas divertido. Y de repente sale un cuate que se está tatuando la foto de una bebé en el pecho, del lado izquierdo. Cuentan la historia y era su hija Kayla que había muerto a los quince meses, de un cáncer cerebral, y cada vez muestran más fotos de la bebé, y con el tubito en la nariz, y cuentan de las quimios, el hospital, y la alegría y fuerza de la nena, y bueno que me agarra una tremenda tristeza y me pongo a llorar, así sollozando.
Luego ya se me pasó y me fui a dormir muy tranquila, pero a veces así me ocurre, que veo algo en la tele que me conmueve como si me pasara a mí, y se abre de golpe la llave del llanto.


1. Soñé que estaba en el estacionamiento del WalMart, era de noche y estaba con mi familia. Decidíamos (no sé para qué) subirnos cada quien a un montacargas, pero eran montacargas muy muy altos, tenían una escalera para llegar a la cima, y lo que cargaban era una caja de madera de tamaño considerable, pero no muy grande. Cuando estábamos ya arriba, los montacargas se empezaban a mover de manera un poco brusca y a mí me daba muchísimo vértigo. Me agarraba fuerte de la caja, de donde podía (todos lo hacíamos) y conseguía no caerme: nadie se caía.

2. Soñé que tenía puesto mi traje sastre beige y A. venía a abrazarme desde atrás. Estábamos solas en un cuarto con persianas, era de tarde y la luz entraba tenue. Ella me abrazaba y me acariciaba el abdomen: con la mano derecha las costillas, bajo el pecho, y con la izquierda el vientre. Yo me daba vuelta y no sé por qué le agarraba la ropa; ella tenía puesto un traje beige igual al mío. En ese momento me daba cuenta de que le había dejado marcadas arrugas en la ropa al tomarla, pero a ella parecía no importarle. Ninguna de las dos se sorprendía de que nuestra ropa fuera idéntica.

Imagen: dream vortex by bosniak, deviantart.

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