martes, 14 de abril de 2009

Sistemas perversos

1. La sádica gusta de ver/mostrar heridas y cicatrices, impostando un interés clínico, pero en el fondo lo que hay es deseo por tener el control y ser el centro de atención. Las dos masoquistas tienen miedo –o fingen tenerlo- ante el llamado de la sádica para ir a ver la cicatriz (son muy impresionables). La exhibicionista se sube el pantalón y muestra su rodilla cosida, se baja la blusa y muestra la quemada del cinturón sobre su clavícula. A la voyeurista la sádica la llama para ir a ver, y ella, gustosa, va. La voyeurista le dice a la sádica que es bien sádica. La sádica sonríe ampliamente. La primera masoquista se acerca –supuestamente en contra de su voluntad- pero por miedo se pone a mirar hacia la ventana. La voyeurista le dice a la exhibicionista si puede tocar la cicatriz, la exhibicionista dice que sí, claro. La sádica se deleita, y le dice a la primera masoquista que mire como le toca la cicatriz, y que seguro por ese punto se le salió el hueso. La primera masoquista se estremece. La sádica le dice a la primera masoquista que con ese dedo con el que le tocó la herida de 17 puntos -que parece una sonrisa de Jack- la voyeurista irá a tocarla a ella. La voyeurista hace el amague de tocarla, y la primera masoquista se va alejando y se vuelve a estremecer. La sádica grita el nombre de la segunda masoquista, quien permanece en su lugar, y al llamado de la sádica contesta con un tembloroso y agudo “no!”, causando la risa de todas.
Aparece un segundo exhibicionista, un muchacho, y muestra una cicatriz en el cuello, a lo cual la primera exhibicionista dice “qué sensual”. La sádica le pregunta como se hizo eso, y él contesta que le tiraron un vaso en un antro, se baja un poco la camisa y muestra la cicatriz en el pecho aun cubierta por una venda. La voyeurista mira todo, deleitada. La sádica dice que tuvo mucha suerte de que haya sido del lado derecho del cuello, porque si era en el izquierdo ya sabemos lo que le pasaba (la aorta). El segundo exhibicionista asiente sonriendo, hasta que suena el teléfono y el sistema se dispersa.

2. El perverso mayor, el que les lleva a todos casi 15 años de ventaja, toma la botella de absolut y la vierte en el cuerpo de la dulce víctima, tirada indefensa en el cobertor sobre la arena, corre el alcohol en cuatro zonas distintas de su suave cuerpo. Arriba la luna brilla con intensidad descarada, el mar esta casi calmo y la arena se ve casi blanca. La luz que descubre los cuerpos semidesnudos es rara y sincera, no hay nada que ocultar, todo es lo que es, y es pasada la medianoche. Los demás pequeños perversos obedecen como esclavos, hacen todo lo que el gran perverso les dicte, no cuestionan nada. La botella de absolut se endereza, y sobre el cuerpo mojado 4 lenguas distintas se precipitan desesperadas a lamer el vodka antes de que se escurra, no se puede desperdiciar nada, y los pequeños perversos no saben desacatar ningún mandato. A veces al lamer se siente el profundo olor del sexo de alguna pequeña perversa, a veces el pezón de otro pequeño perverso -que de pequeño no tiene nada pues supera los 100 kgs y el metro ochenta de estatura- destila ese olor a hombre que activa las feromonas, y otras veces uno sólo lame por el puro instinto, por sentir en la boca, adormecida por el alcohol, la sal de una piel ajena y a la vez tan propia, íntima. En el siguiente instante uno mismo es el cuerpo y es lentamente devorado por cuatro lenguas, algunas hacen cosquillas, otras amenazan y otras transportan a la luna. A veces uno es cuerpo mojado de alcohol, otras veces vampiro lamedor, pero siempre es pequeño perverso para el placer del perverso mayor.

3. El neurótico espera tranquilo porque en el fondo sabe bien, juega con la certeza de que ellas son muy buenas amigas y de que una de las dos, la más calladita, pero voraz ninfómana, es la más dispuesta a un trío. De ese par, la que es su novia se ha vuelto codependiente y le aguanta estoicamente todas las rabietas. Desde que regresaron, él también aguanta todos los caprichos de ella: ha aprendido a ser una perfecta cabrona, pero estoica, y en secreto se convierte en heroína. Entonces, la heroína finge no soportar la idea de un trío; por los feroces celos. El neurótico finge ser cristiano -o protestante- para evitar volver a tener sexo con la dulce heroína, hasta el matrimonio, y tener algo bonito: ahora sí hacer las cosas bien. Y la ninfómana satélite, siempre con uno o con otro o con los dos al mismo tiempo, finge no fijarse en nada de eso y acepta las invitaciones a comer del neurótico, se pelea con él cada vez que se le botan las cabras al pendejo -cosa que ocurre cíclicamente- se mandan mutuamente a la chingada, y después se olvida todo cuando él la invita a comer nuevamente, o cuando coincide con su hermana del alma, la heroína, la preciosa que soporta todo lo insoportable de la neurosis del pobre perdedor, niño indefenso, que escogió como su hombre y por quien haría todo por complacerlo. La ninfómana y la heroína se entienden como pocas, como hermanas, acuarianas, como almas en libertad.
La ninfómana, después de varias noches de pelis, los tres solos en casa del neurótico, acostados echando la hueva en el futón café, viendo La duda, o Kung fu panda, bebiendo vino y comiendo pizza, ha decidido invitarlos a su casa a una noche de vino tinto. Si ha de funcionar, el sistema funcionará solo, los elementos ya están dados, la perversión existe, respira y vive por sí misma, y arranca casi sin voluntad: es autónoma.

Relacione con las letras: a) grupo de amigos de danza, b) grupo de amigos normal, c) ambiente laboral.

2 comentarios:

Erick dijo...

1-b), 2-c) 3-a) ¿Le atiné?

Está fuerte, por lo demás! Me dejó sin palabras.

Noelle dijo...

no mijo.... no le atinó ni a una!! suerte pa' la próxima!
Sí, si es algo fuerte, pero nada que no se haya visto antes...