Sin embargo, nuestra cultura siempre ensalza la parte negativa de esta condición de terceridad que en sí misma carece de connotaciones. Constantemente sale a flote el mentado "mal tercio". Que si los papás eran felices hasta que nació el hijo. Que si el hijo era feliz con la madre hasta que llegó el papá a imponer su ley del padre. Que si la pareja era feliz hasta que llegó el/la amante. Que si el tercer lugar, después del oro, después de la plata; al olvidado bronce ni quien lo pele... pamplinas señores, pam-pli-nas !
Lo que hay son dualidades combinadas, a saber: en un conjunto conformado por los elementos A, B y C, no existe realmente una conexión simultánea entre A, B y C ; dicha situación no es físicamente posible. Lo que existe son las intersecciones particulares entre A y B, A y C, B y C, y la intersección de dichas intersecciones es, virtualmente, una superposición de elementos individuales, más no una real intersección tripartita.
Partiendo de este supuesto, entendemos por qué existe tanta competencia, celos y finalmente discordia entre A y C, cuando C cree que la intersección entre A y B es más grande que la intersección entre B y C. Como natural consecuencia, y a veces por malos manejos de B, C acaba odiando a A, creyendo que B le prefiere, mientras que A no sabe qué hacer para no ser blanco de los rencores de C, y B en el medio lo único que sabe hacer es refugiarse en A y contarle los desplantes que C le hace porque A con su ingenuidad fue y le dijo que si ya tenía lista tal cosa, y pues C lo tomó para el carajo y se molestó porque pensó que B le estaba reclamando indirectamente acerca de sus errores y pues bueno. Concluyendo que la discordia real no es entre A y C, sino entre C y B (en ese orden). Ni tampoco es que la concordia real entre A y B sea tan especial ni digna de análisis. ¿O sí? O sea queda claro, no?
Recapitulando, el conflicto no surge por la triangulación en sí, como pareciera, sino por una discordia latente entre las relaciones duales y las inseguridades que los individuos ostentan al momento de compararse con un tercero. Por lo tanto, no hablamos de un tercero en discordia, sino más bien de un catalizador de energía, convirtiéndose así en arribista o self denying, coludido o chivo expiatorio, beneficiado o benefactor, compañero o rival. Todo para balancear los desbalances individuales de cualquiera de los 3 elementos al momento de compartirse en un intercambio. Y lo mejor de todo es que cualquiera de los 3 puede tomar el rol de "tercero" en cualquiera de los momentos que transite el complejo.
Por eso existe el ménage à trois y no el ménage à quattre, por eso hay una folie à deux y nunca una folie à cinq... el género es lo de menos, el número -imperfecto, vibrante, humano- siempre es vital.
miércoles, 11 de noviembre de 2009
El tercero en concordia
El padre, el hijo y el espíritu santo. Adán, Eva y la Serpiente. El judaísmo, el catolicismo y el Islam. El primero, el segundo y el tercer mundo. Curly, Larry y Moe. Burbuja, Bombón y Bellota.
El punto es que vivimos un mundo plagado de trinidades. Nos clavamos en las dicotomías, los contrastes, el Ying y el Yang, el bien y el mal... pero para fines prácticos, el 2 siempre nos queda corto. El equilibrio se tiene que romper y para lograr el balance, surge un tercer elemento que balancea la ecuación del otro lado del igual y nos da un resultante que al mismo tiempo es el factor y suma, significante y significado.
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