Que las balas no te alcancen;
para esquivar las granadas,
esclava,
necesitas mucho plomo,
algo de peso en los huesos
poca paz y un cierto odio
que te libre del delirio placentero
de una fe elocuente y mansa.
No crees más en tu espejismo
estás perdida y clavada
en la cruz de tu realismo
por tu mente envenenada.
Sabes poco, dudas todo:
las ideas como hachas
son fatales mariposas
negras, sucias, que te atacan
hasta hacer que rompas llanto
y te derrumbes,
esclava.
Nunca fuiste un tigre blanco
eso sólo lo soñaste
como hoy que amaneciste
contenta, cogida y cansada
y el recuerdo de un cachorro
de enormes garras
claro y feroz en tus brazos
te deslizó en la mañana.
Tienes sed y temes al agua
llegó la hora de lanzarse
al río, al mar, a la nada
el tigre sabrá que allí estás
te encontrará casi ahogada
pero tú puedes nadar
eso lo sabes, esclava.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Tigre blanco
Anoche soñé con un pequeño tigre blanco, no era adulto aún, yo lo podía cargar.
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