Cuando vienen esos momentos en que uno recurre a la poesía como para aliviarse de algo, esperando uno de esos milagros en miniatura, entonces ocurre que: el libro que estuvo meses o días esperando sobre la mesita de luz queda al alcance de la mano y uno lo toma, lo hojea y lo abre para encontrar eso justo que buscaba. Y fue esto:
Son ciertas las memorias
y la soledad
La vida es cierta
y el olor a lluvia
Todos estos días son ciertos
Es cierto el pez (como no lo dije antes)
y el deseo de cambiar las cosas
Entrar en los cafés es cierto
y salir al mundo
Agarrarse de él un solo instante.
MIGUEL BARNET, Todos estos días
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