martes, 12 de febrero de 2013

#Tenemosbrotepsicótico

"Cómo actuar durante el brote psicótico de su familiar" es un buen título para un libro que, espero, nadie tenga nunca la genial idea de publicar.

¿Por qué? en primer lugar, porque sería completamente irresponsable publicar algo que ya desde el título trae implícito que los brotes o ataques psicóticos son algo generalizable que se puede abarcar mediante un texto de instrucciones.

Cada psicosis es única e irrepetible, ¡como nosotros!, y por lo tanto es imposible pretender que existe sólo una forma de, no digamos manejarlas, sino de simplemente hacerles frente sin salir tan perjudicado, es decir, con vida, de dichas crisis en un ser querido. Sin embargo, la ciencia ha tratado de atacar este tipo de situaciones desde un punto de vista, vaya, científico, y para eso es importante usar algo de inducción o deducción. Y creo que poco ha podido hacer al respecto, mas que ayudarse de los elementos básicos de la psiquiatría o, ya cuando hay más tiempo, del psicoanálisis.

Pero en esencia, lo que sigue teniendo mayor peso es el valor de la experiencia.

Primero, el ataque psicótico no avisa, pero si tiene un hogar preparado para este tipo de situaciones (no espejos grandes expuestos, no ventanales, no armas punzocortantes ni palos de escoba a la mano) será menos probable que ocurran accidentes. Aunque, claro, esto depende del grado de funcionalidad de su psicótico, y de su capacidad creativa. Si puede desaparecer de su vista y aislarlo en un entorno con pocos estímulos y cero peligros para que se relaje (un cuarto, un garaje) será lo mejor dejarlo allí un rato. Si esto lo exasperara más, abandonar esta estrategia. Muy importante, usted debe actuar rápido. Si se queda a pensar qué hacer, ya se lo cargó la chingada.

De igual modo, si se encuentra en un espacio abierto o público, el riesgo se intensifica por la presencia de otros individuos, por lo que si le es posible alejar al sujeto en crisis del grueso de la gente y llevarlo a un lugar aislado, hágalo. Si no es posible, aléjese, busque un lugar seguro y, sin perderlo de vista, espere a que se le pase. Si ve que no se le pasa, pida ayuda. Procure conservar la calma, recuerde que casi siempre se actúa y se decide mejor sin gritar ni llorar.


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