lunes, 14 de agosto de 2006

Sacudí la ceniza de mis párpados.
Busqué la luz en el interior de la noche y, sí, se abrió en
mí una esfera de luz. Era como ser y no ser.

Descansé de mí mismo

hasta sentir que mis venas se vaciaban en la luz
y que las sombras giraban hasta crear el día.

Me acerqué a las materias visitadas por cuchillos, a las
que gritan hasta despertar el corazón

y aún sentí la pulsación del hierro y la pasión de las
máquinas enloquecidas en la inmovilidad.

En la pausa mortal, una vez más,
pasaron suavemente sobre mí tus manos.


Antonio Gamoneda

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