miércoles, 25 de junio de 2008

Dos retratos

1. Ese par de piernas largas le llevará a donde quiera. A donde quiera su voluntad, taurina, potente, esbelta. Sabe hablar un par de idiomas, el francés no le amedrenta. Con sus labios de ciruela arma puentes de colores, modula estaciones ingenuas: suena tibia su voz plena, y al instante, se hace aguda, demandante de azucenas. Llega, arma toda una fiesta. Se va, y se va sin penas.
Sus ojos son dos ballenas, vistas de frente, serenas. Redondos, con piel de luna. Miran profundo, y ahí se quedan. Su faz tiene un dejo bovino, de cachorro de sirena: su nariz respira amplio, de alas anchas, nunca quietas. Luego siguen esos dientes de caballo de carreras. Sonríe y recuerda uno el campo, veinte siestas en la hierba. Su boca es grande, virtuosa, como de bestia sedienta. Retoza y obtiene con ella, bien sabe usarla, por yegua.
Torso y cintura de barbie edición treintona añeja. Talle frágil de palmera, manso y fino, sin reservas. Pero le cabe un olor dulce, a tierra fresca y revuelta, que le regala algo de niña, algo de virgen coqueta. Yo no sé si son los hombros tiernos, retazos de quinceañera, o los senos suaves y confiados de embarazada hecha apenas. En su cabello ferviente, ondas castañas de tarde traen a la chica buena en la escuela, la de los lentes eternos, la que trabaja y se esfuerza.
Llega, arma toda una fiesta. Se va, y se va sin penas.
2.
Bueno hoy nomás me salió uno. Es que antes siempre me salían dos.

2 comentarios:

ceronne dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Pável dijo...

Como siempre: Hermoso.

Ya sabes que soy tu más grande fan.


Saludetes