lunes, 30 de junio de 2008

Breve manifiesto hedonista

Me dijo el otro día mi amigo en un café: "lo que te gusta no siempre es lo que te hace bien". Lo contradigo; los gatos me gustan aunque antes me daban alergia, ignoré la alergia hasta que remitió, por lo tanto, lo que me gusta no puede más que hacerme bien. El vino me gusta y me hace bien, la danza me gusta y me hace tanto bien, y así. Solo se trata de ignorar las consecuencias desagradables hasta hacerlas desaparecer, pues las consecuencias agradables son mucho más importantes (y placenteras).

Yo (sólo yo, nadie más sabe) sé que soy demasiado laxa conmigo misma, que cuando quiero en el fondo todo me lo concedo: en lo que a fantasear respecta.
Todo lo que me prohíbo en la vida real, me lo permito ante un papel o en este caso, una pantalla.
Voy a decir que no puedo ni quiero dejar de mirarte cuando estás de espaldas, caminando o en calma. Me gusta mucho lo que veo, es bueno.
Pero me gusta más cuando, de frente, te miro a los ojos y me miras, cuando sin querer te retengo antes de que te vayas.
Cuando te sonrío y me sonríes más. Me motiva tu mirada, yo la encuentro especial, no sé si sea real. Sólo lo hago, y me agrada.
No sé si esté mal.
No me lo impido, porque se siente bien. Y lo que se siente bien no puede estar mal... y si llegara a estar mal, qué me importa.

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