martes, 7 de octubre de 2008

Hoy salí de mi casa de noche y el aire olía a crema. Así como a crema de estrellas, diría Soda. Era un perfume floral y cremoso, rico, no como el Flower by Kenzo, no como nada que conozca o identifique, pero sí muy llamativo e inocente en una noche sin lluvia como ésta.

Pensaba en la viabilidad del amor. En que eso nos vale madres, siempre. En que el nuevo disco de Madonna no está mal, que me gusta Heartbeat y no habla de sexo, sino de bailar y sentirse viva.

Pensaba en la falta de vergüenza ante la propia desnudez: qué importa la desnudez del cuerpo, cuando lo que realmente pesa es la del alma?

Pensaba en por qué sigo coqueteando y sonriendo cuando había decidido ya dejarlo todo.... ser libre. Pero puedo coquetear y ser libre, que no? además, no soy yo quien lo inicia, yo solo reacciono a la pauta que me está dando, y me sale natural, no sé actuar de otro modo ante su presencia. Es como si esto estuviera definido desde antes y sólo tuvimos que conocernos y coincidir en el momento debido, y dejar que las cosas se echen a andar por sí solas.

Pienso que ya es hora de dormirme.