miércoles, 9 de julio de 2008


Aráoz

Me acicalo para sentirme más cómoda, azucarada y fresca. Digiero mejor mi soledad con brillo en los labios, si huelo a frutas, si me miro y al espejo y me encuentro suave y resbalosa.

Camino de regreso del baño y veo las letras juntas, dice Aráoz.

Hace años el calor de mis mentiras deliciosas me desdibujó una ceja, la izquierda. Hoy me la volví a trazar, como todos los días, digna, inocente.

Aráoz es una calle mía, mucho más vieja que mis mentiras, ¿qué hace escrita en ese cartón? ¿qué hace aquí?

También hace algunos años robé, tomé lo que no me pertenecía, perdí el sueño y se me hicieron grandes ojeras que cada mañana cubro, muy prudente. Nadie sabe mis secretos, porque huelo bien.

Aráoz y alguna esquina, tenía árboles altos, mojados, seguro me daban alergia en primavera. Ahora es verano, y no está la esquina, no la recuerdo.

Lo que robo, lo que miento, lo que duelo, todo lo maquillo y se queda oculto bajo mi piel. Lo transpiro cada noche, bailando, sintiendo, llorando. Lo que no podré guardarme jamás es la belleza ajena, tu belleza. Siento que cada palabra que me guardo, cada elogio que me callo temerosa es algo que te estoy quitando a tí.

Si estuviéramos cerca de Aráoz te diría que me estás volviendo loca y que pretendo hacerte lo mismo, sé que puedo, sé que lo estás sintiendo. Te invitaría a salir, a tomar algo. Sería intrépida y tenaz, desvergonzada.

Aquí no puedo. Aquí te guardo distancias, no puedes ser mi presa, soy un cangrejo, el mar no te llama. Pero vamos, tú sigue, arréglate, mírate mucho; tócate y dame la espalda. Mójate un poco los labios, hazlo por mí. Tal vez no te diré nada, me deleitaré devorándote con la mirada, pero no te robaré más elogios. Tal vez te diré que es un lindo día, o sólo te sonreiré y te diré todo. Toda la belleza es tuya, todas tus horas valientes, tus pasos fulminantes. Me voy. Te espero en Aráoz.

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