dice Sabina.
Y sí, te pido sólo esa condición, que si algún día no lo haces va a ser como disminuir la luz dentro de mi acelerada cabeza.
Desde tu balcón me miras y me descubres. Me miras y me hablas, me inventas, me nombras y me haces (preciosa, me dices), y yo sólo te sonrío y te espero hasta el dichoso momento en que me dejes entrar.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario