lunes, 18 de julio de 2011

De rodillas te pido ...

... que pienses con sumo detenimiento antes de multiplicarte cual roedor calenturiento.

La sobrepoblación mundial, sus causas y consecuencias. Una opinión.Una sugerencia. Una invitación al uso de anticonceptivos efectivos. Un ya no mamen con moraleja.



No es cierto, no voy a hablar de eso en este su blog relajiento y vacilador (ajá). Ganas no me faltan, pero es un tema que ya dices mmtamales y además no se puede seguir encarando de esta forma, porque a estas alturas la solución no radica en parar de crecer (porque, como es de público conocimiento,en el momento en que los veinteañeros de hoy cumplan 64, el sistema de salud de este país estará colapsado y no habrá quien los atienda) sino de crecer sustentablemente y cosas así...
pero ese no es el punto.

Loquepasaesdeque hoy me tocó viajar en Metro, 17 estaciones, de un extremo al centro de la ciudad, y pues a uno le vienen a la mente esas ideas locas acerca del hacinamiento, la falta de recursos, una ciudad desbordada y demás, y uno piensa "1.- Por qué demonios los padres de toda esta gente no tuvieron 2 hijos en lugar de 4??", ó "2.- Por que toda la gente de todo el interior tiene que venir a trabajar aquí, cuando ya no hay espacio??", ó incluso ya exagerando, surge una terrible pregunta: "3.- por qué todos estos extranjeros tienen que venir a vivir aquí, por qué no se quedaron en su país???"

Con las últimas preguntas me chingo yo solita (y de la manera más xenofóbica y globalifóbica posible,) ya más específicamente, con la segunda me remito al eterno problema de las grandes capitales (porque Tokyo, Londres, Bombay, etc etc etc.. y ahí te quiero ver) y para acabarla de amolar, con la primera pregunta que me vuelvo a chingar yo misma con una postura francamente fascista, ante un fenómeno que se puede analizar y atacar mucho mejor atendiendo a sus causas ideológicas, tales como la deficiente educación, la maldita religión e incluso a los antiquísimos usos y costumbres regionales.

O sea que mejor me callo, y la culpa no es del chancho, sino del que le dio de comer.

Siendo esas conclusiones lo único que aquieta mi agitada conciencia en medio de un vagón atestado en donde un señor (de verdad que a eso olía) desprendía un intenso olor a pescado, me dispuse a tolerar con estoicismo mi viaje, que a fin de cuentas me llevó a tiempo a mi lugar de trabajo y sin haber sufrido (demasiada) opresión pulmonar, desmayos ni toqueteos indeseados, que sería lo más grave que le puede pasar a una damisela en dichas circunstancias.


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