Pues bien, no será ninguna novedad pero hoy... a los siquicientos años después me vengo desayunando de los detalles de la verdadera historia de Camila O'Gorman y su romántica tragedia... la cual para algunos lectores del cono sur probablemente sea bastante conocida, sobre todo después de la película que se hizo en los 80's, pero para los que no, aquí les va mi feroz y siempre oportuno recuento:
Resulta que es la historia de una chica de sociedad del Buenos Aires de los años 40's (pero del siglo 19), que se movía en los círculos que le correspondían y era hija de Don O'Gorman, un inmigrante irlandés cuya madre había tenido a bien ser la amante del Virrey de Liniers. Esta señora, su abuela, era conocida como la Perichona (porque su apellido era Perichon y porque era la época en que a las amantes de los virreyes les ponían apodos chistosos, como en Perú la Perricholi).
El punto es que esta muchacha, a sus 18 años, que agarra y que se enamora de un sacerdote que había venido de Tucumán, un tal Ladislao Gutiérrez, también de familia de bien porque el niño era sobrino del gobernador de la provincia. Y lo mejor del caso es que el susodicho, un joven moreno y guapo, recién ordenado a sus 24 dulces años, que agarra y que le corresponde.
Escándalo total, porque cómo va a ser y ella debía casarse bien, y que si se la robó y que si la violó y bueno. Pa' echarle más drama al asunto, ella era íntima amiga de Manuelita de Rosas, la hija del gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, un tipo muy católico y estricto y la manga del muerto.
Total que les vale, y que agarran y se fugan, a fines de 1847, usando pasaportes falsos con nombres rimbombantes: Valentina Desan y su esposo Máximo Brandier; bueno toda una súper aventura: la idea de los amantes era irse a Río de Janeiro a vivir en paz lejos de todo. En el camino, recalan en la provincia de Corrientes, para ser más precisos en el pueblo de Goya (el pueblo natal de mis padres y abuelos) y ahí se establecen y dan clases en una escuela. Todo es felicidad, vida sencilla y harrto amor.
Pero (siempre hay un pero), un día en una fiestecilla los reconoce un sujeto de la capital y los acusa, pues eran buscados por órdenes de los padres de ella; los agarran en julio del 48, y por más que la súper amiga de Camila, Manuelita, trata de interceder por ella ante su padre el Gobernador (que le decían el Restaurador de la Ley y el orden o una mamada por el estilo), tómala que los fusilan a los dos en la Prisión de Santos Lugares, ya más cerca de Buenos Aires. Porque así se hacía en esa época y sin juicio ni nada y órale a chingar a su madre.
Camila estaba embarazada de 8 meses y ni así la perdonaron; los amantes se dieron cartas de despedida ya en prisión, se iban hablando cuando los llevaban, de ojos vendados, al patíbulo, y dicen que Ladislao antes de recibir los tiros de gracia, gritó: "que me maten a mí pero no a ella! miserables!". Ella iba apenas derramando dos hilos de lágrimas, muy entera, y al morir apuntó su mano al cielo como llamando a Dios.
Total que pasaron a la historia como mártires, antes de los 25 años y defendiendo un sueño, porque dicen que si le hubieran pedido un indulto a Rosas se los habría dado, porque a él le daba prácticamente lo mismo si los curas tenían o no sus amantes, total a él qué. Y dicen que a partir de ahí el gobierno totalitario de ese cabrón fue en declive pero bueno eso ya es otra historia.
Me dieron ganas de ver la peli, as usual después de enterarme de estas cosas, o de perdis leer el libro (o los libros, porque de haber, hay un chingo) ja, la huevona y unos cuates, y pues nada, que se me hace curioso que historias de este calibre dramático liguen a 2 ciudades muy queridas por mí, Goya, la cuna de mi familia, misma que hoy sigue siendo un pueblito chiquito pero con una tremenda riqueza cultural y de narrativa de boca en boca, con un sinfín de historias y personajes curiosos, y Buenos Aires, la ciudad en la que nací.
Resulta que es la historia de una chica de sociedad del Buenos Aires de los años 40's (pero del siglo 19), que se movía en los círculos que le correspondían y era hija de Don O'Gorman, un inmigrante irlandés cuya madre había tenido a bien ser la amante del Virrey de Liniers. Esta señora, su abuela, era conocida como la Perichona (porque su apellido era Perichon y porque era la época en que a las amantes de los virreyes les ponían apodos chistosos, como en Perú la Perricholi).
El punto es que esta muchacha, a sus 18 años, que agarra y que se enamora de un sacerdote que había venido de Tucumán, un tal Ladislao Gutiérrez, también de familia de bien porque el niño era sobrino del gobernador de la provincia. Y lo mejor del caso es que el susodicho, un joven moreno y guapo, recién ordenado a sus 24 dulces años, que agarra y que le corresponde.
Escándalo total, porque cómo va a ser y ella debía casarse bien, y que si se la robó y que si la violó y bueno. Pa' echarle más drama al asunto, ella era íntima amiga de Manuelita de Rosas, la hija del gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, un tipo muy católico y estricto y la manga del muerto.
Total que les vale, y que agarran y se fugan, a fines de 1847, usando pasaportes falsos con nombres rimbombantes: Valentina Desan y su esposo Máximo Brandier; bueno toda una súper aventura: la idea de los amantes era irse a Río de Janeiro a vivir en paz lejos de todo. En el camino, recalan en la provincia de Corrientes, para ser más precisos en el pueblo de Goya (el pueblo natal de mis padres y abuelos) y ahí se establecen y dan clases en una escuela. Todo es felicidad, vida sencilla y harrto amor.
Pero (siempre hay un pero), un día en una fiestecilla los reconoce un sujeto de la capital y los acusa, pues eran buscados por órdenes de los padres de ella; los agarran en julio del 48, y por más que la súper amiga de Camila, Manuelita, trata de interceder por ella ante su padre el Gobernador (que le decían el Restaurador de la Ley y el orden o una mamada por el estilo), tómala que los fusilan a los dos en la Prisión de Santos Lugares, ya más cerca de Buenos Aires. Porque así se hacía en esa época y sin juicio ni nada y órale a chingar a su madre.
Camila estaba embarazada de 8 meses y ni así la perdonaron; los amantes se dieron cartas de despedida ya en prisión, se iban hablando cuando los llevaban, de ojos vendados, al patíbulo, y dicen que Ladislao antes de recibir los tiros de gracia, gritó: "que me maten a mí pero no a ella! miserables!". Ella iba apenas derramando dos hilos de lágrimas, muy entera, y al morir apuntó su mano al cielo como llamando a Dios.
Total que pasaron a la historia como mártires, antes de los 25 años y defendiendo un sueño, porque dicen que si le hubieran pedido un indulto a Rosas se los habría dado, porque a él le daba prácticamente lo mismo si los curas tenían o no sus amantes, total a él qué. Y dicen que a partir de ahí el gobierno totalitario de ese cabrón fue en declive pero bueno eso ya es otra historia.
Me dieron ganas de ver la peli, as usual después de enterarme de estas cosas, o de perdis leer el libro (o los libros, porque de haber, hay un chingo) ja, la huevona y unos cuates, y pues nada, que se me hace curioso que historias de este calibre dramático liguen a 2 ciudades muy queridas por mí, Goya, la cuna de mi familia, misma que hoy sigue siendo un pueblito chiquito pero con una tremenda riqueza cultural y de narrativa de boca en boca, con un sinfín de historias y personajes curiosos, y Buenos Aires, la ciudad en la que nací.
2 comentarios:
orale, que interesante, triste, romantico y trágico... y qué coincidencia lo de las dos ciudades.
asi es mi Lo..
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