
Este texto viajó en mi libreta de mano durante más de un año, se mojó, se onduló, se maceró en la historia... hasta que al fin hoy, a más de un año de haber sido creado, me digno a transcribirlo, con algunas actualizaciones y mejoras, gramaticales, no de contenido, sólo para facilitarle un poquito la vida al lector... =)
El DRAMA a la orden
Parece que no soy yo la adicta al drama, es que el drama es adicto a mí.
Pienso que de algún modo atraigo a mi vida situaciones novelescas y álgidas, imposibles, tormentosas o, por decir lo menos, neuróticas; y para cuando me doy cuenta ya hubo más de una señal de alerta, que tomé como prueba de intensa autenticidad, en lugar de salir corriendo como cualquier hijo de vecino en defensa de su salud mental.
¿Qué es eso de "me voy al hospital porque me siento muy mal.."?, le llamo y me dice que se va a morir y que me deja su camisa blanca y sus procesos?
¿Es una broma del azar? (O sólo una broma, je... recordemos que mi segundo nombre es señorita Literal, y a veces las palabras tienen para mí el peso de verdaderos yunques... peso que yo solita les adjudico, aunque sean yunques de unicel, para mí se ven como yunques reales porque... tienen forma de eso!).
En más de una ocasión en mi vida lo he sentido, llegando a concluir que el drama me tranquiliza; cierto tipo de escenas que me son extrañamente familiares, de una incertidumbre en la que tengo la sensación de haber aprendido a nadar.
El coquetear con la tragedia es un lenguaje que llevo tatuado en la médula; no la tragedia real y muda, la que mutila y hay que seguir respirando. No. Es la tragedia insinuada o incluso secretamente anhelada, por eso le decimos el "drama", el preámbulo infinito. La nube negra de tormenta que bien puede o no caer, puede helar la sangre o ser fresco alivio para el ardor.
Por otro lado, no es que dude de la realidad del dolor de los otros, ni en este caso en particular, de la realidad de su dolor. He visto cómo sangra. Y no es que sea yo un ser particularmente impresionable ante la emanación de diversos fluidos, pero creo que sé cuando se trata de verdadero dolor y cuando es una puesta en escena. Si bien en el pasado me han tocado algunos que otros impostores, gente que usaba su malestar como un escudo, en este caso sé que es distinto.
No me pregunto: "¿Por qué a mí?", porque sé que el drama en mi vida está bastante implícito, es modesto y nunca (espero) estandarte. Procuro manejarlo siempre con humor, con discreción y si se puede, ponerlo a trabajar, así es que cuando puedo escribo algo, que puede ir de lo vergonzosamente patético hasta lo airoso y liberador. O también a veces bailo y transpiro las gotitas de angustia que guardo en la epidermis.
Lo que me pregunto es: "¿Por qué ahora?", "¿Por qué él?", "¿Por qué así?".
¿Por qué ahora? porque ayer lloré como una bestia por creer que hice mal, porque el viernes me entregué a darle cariño y tal vez era muy pronto (nunca es pronto, nunca es tarde...), porque temía que después de esto se alejara... porque sucede que cuando uno regala miedo y drama innecesarios, la respuesta que uno recibe es más drama. Así de simple.
¿Por qué él? porque de todos los ojos en los que me pude haber fijado en estos 2 meses, me fijé en los suyos. No me interesé en nadie más, sólo en él. Porque pude llenar un vacío con una pregunta: "tal vez?...". Porque él me buscaba (ya hasta hablo en pasado, como si algo ya se hubiera terminado... stop! drama!) y yo me dejaba llevar, como si eso me aliviase de algo, y me aliviaba. Abandonarme en alguien más (en él) era gran fuente de calma, y de placer. Abandonarse está muy cerca de perderse, es el primer requisito. Ergo, he ahí el camino al drama.
¿Por qué así? ¿Por qué de un día para otro todo puede cambiar? O no. Yo quisiera que lo esencial no cambie, conservar su compañía, continuar la complicidad. Ayer me desgarraba la angustia de perderlo... perder qué? Perder la ilusión de estar juntos algún día, perder una idea de un golpe, todo por 3 instantes de placer, por 3 orgasmos que me alejarían de él para siempre.
¿Pero en verdad tiene que ser así?
Creo que hay dramas mucho más desoladores que el irreversible -pero a fin de cuentas, inocuo- hecho de que un hombre y una mujer se vean desnudos. No tiene nada de terrible que se descubran los cuerpos por primera vez, que se toquen y se acaricien con hambre y sed.
Entonces no queda más que darse cuenta de algo muy sencillo pero muy difícil de entender cuando se es joven y estúpido e impaciente, como diría don Juan (el yaqui, el chamán, no el mujeriego): antes de tirarte al drama de cualquier especie, es bueno pedirle consejo a nuestra muerte, que nos acompaña siempre a nuestra izquierda, susurrándonos por encima del hombro. Nuestra muerte, dulce muerte. Ante su implacable realidad no hay tiempo para nada más que para la vida.
2 comentarios:
nice, el detalle de la muerte a la izq. me marcó un buen rato durante la adolecencia luego de leer el libro.
Lore!! verdad que sí?? yo no lo leí en la adolescencia je, ya tenia mis veintitantos... pero definitivamente también me marcó, Viaje a Ixtlán fue un simbolo muy mágico para mí! un abrazote
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