lunes, 14 de mayo de 2007

Poderes del aire

Perseguiré
los rastros de este afán
como busca el agua a la sed
la estela de tu perfume

Me atravesó
tu suave vendaval
rumbo a tu recuerdo seguí
la senda de tu perfume
(...del eco de tu perfume)

No hay soledad
que aguante el envión
el impulso antiguo y sutil
del eco de tu perfume
(Perseguiré...)
(Perseguiré...)
(...la senda de tu perfume)

Bajofondo Tango Club, Perfume.


Se mira en el espejo del baño, descubre al hombre en el que se ha convertido. Se sumerge en el recuerdo y desde adentro le observan sus propias memorias: serenas, lejanas, congeladas.

Cada una le ha dejado algo: una piel imposiblemente suave, unos ojos atardecidos, un cabello lleno de noche, el color tibio de una voz. Pero no recuerda nada de aromas; no es que no los hayan tenido, por supuesto que sí, todas. Lo que no sabe es evocarlos, no puede.

Después de ella, se borraron.

En su cerebro ya no hay más esencia que la de ella, ese aire azucarado y filoso, feroz, impregnado de obsesión.


* Imagen de Eikoh Hosoe

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