Anoche soñé que a mí y a otro grupo de gente nos mantenían prisioneros en una casa de campo. Era de tarde, había bosques alrededor y todo tenía el aspecto de una revista setentera de manualidades, la iluminación del sueño era en tonos sepia, verdes secos y amarillos cálidos, como de otoño. El captor era un chavo que nos azuzaba con el tema de que teníamos que fingir que no pasaba nada. Poco a poco iban llegando más y más prisioneros, y todos fingíamos tranquilidad y despreocupación. No debíamos decir nada o el captor nos haría algo, qué exactamente, no sabíamos, pero le teníamos miedo y hablábamos en susurros. Las paredes oían, no nos sentíamos en confianza pero tratábamos de comunicarnos.
Yo intentaba hablar en otros idiomas pero no lo lograba.
Recuerdo una escena en la que estaban mi jefa y una amiga/coworker de ella en una habitación, ordenando cajas, y de repente en una caja en la que debían haber papeles, cuadros o marcos, aparecían muñecas y juguetes y cosas que no venían al caso; el captor no debía estar de acuerdo con eso porque el descubrimiento nos ponía tensas, como culpables de algo. El captor creo que tenía también un rol como de auditor .
Casi al final (o no sé si ya era otro sueño) surge la figura del pdmh (el padre de mis hijos) como posible interventor, que podría venir a salvarnos de esta situación, desde afuera, pero sólo como idea, porque él realmente nunca aparecía en la acción del sueño.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario