miércoles, 26 de agosto de 2009

Me pidieron mis cartas, y quien soy yo para no mostrarlas.

Claro, y es que las niñas de 20 años de hoy no tienen idea de lo que es una carta! así postales, de papel y todo... y como la becarita sabe ser fotógrafa, le tiene que tomar fotos a cartas "de las de antes", me las pidió a mí y buennoo....
NO podía haber elegido a alguien más indicado.
Yo atesoro miles y miles de cartas, desde la corta edad de 8 años (edad a la que empecé a cartearme con mi mejor amiga de 3ero de primaria, Lourdes, con quien continué hasta casi los 20 y después le perdí totalmente el rastro) hasta casi los 22, que fue cuando terminé la carrera.
Cartas de todo tipo: de amigas de la infancia, primitos que apenas aprendían a escribir, tíos y padrinos consentidores, tía abuela y abuela que fielmente me felicitaban para mis cumpleaños y para contarme de sus vidas a 40 grados, en la ciudad donde el tiempo se detiene...
Cartas de amigos desconocidos (wtf...?), amigos de México que se fueron al extranjero, amigos causales y amigos casuales.
También hay cartas de amor, ojo. Son de las más bonitas. Amor/amistad, pero en ese tiempo, a mis 19/20 años, eran del amor más romántico que jamás pude haber conocido. Era ideal, un poeta.
(Esas cartas merecen mención aparte y este post no podrá versar sobre ellos, así que otro día profundizaré. O no.)
El punto es que las cartas eran gran parte de mi comunicación sentimental y de mis lazos con mis raíces, cosa que cambió radicalmente con el advenimiento del internet.
Ya no nos escribimos más.
Ahora chateamos a menudo, cuando se puede, y a veces nos mandamos paquetes pero bueno, no es lo mismo. El blog sustituyó al diario, en una bizarra y pública forma, el email NO sustituyó a las cartas, así como el chat no reemplazó al teléfono ni jamás reemplazará una charla frente a frente.
Son épocas raras las de hoy, pero lindas igual. Y más lindo todavía es conservar tantas y tantas cartas viejas, mirar la letra, revivir la emoción de reconocer los rasgos del trazo en el sobre, acordarse y sonreír... bah, ay que ser canceriana acumulativa y melancólica como yo para llevar a cuestas todo ese pasado... y sentirse tan segura y satisfecha gracias a ello.

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