Tarde/a tiempo: Hoy desperté casi una hora más tarde que lo usual, y sin embargo llegué tan sólo 5 minutos más tarde al trabajo. Haciendo todo lo que hago cada mañana, el mismo vigor de mi lufa blanca, ni una hojuela de cereal menos, ni una pestaña sin maquillar. Bueh, de hecho me faltó el café, pero ése de un tiempo acá lo ando omitiendo.
Sueño/taller: la noche del domingo me soñé en un salón de clases, yo llegaba y notaba que eran todos más jóvenes que yo; estaba una chiquilla de mis compañeras de jazz y yo pensaba "chale, que hago aquí si yo ya pasé por esto". Me valía y me ponía a platicar con alguien que estaba ahí conmigo, y fin del sueño. El lunes vi un anuncio de un taller de creación literaria, y en efecto fui a dar a un salón de clases, con simpáticos pubertos curiosos, uno de ellos ya poeta con libro publicado y premio ganado, y la muñeca no-femenina más llena de pulseras que he visto en mi vida. Un Paul McCartney postmoderno, frágil, semiandrógino. Y como en mi sueño, también acabé platicando con mi acompañante e intercambiando miradas de complicidad.
Septiembre mes patrio/agrio: me patea el hígado organizar noches mexicanas para recaudar fondos, vender boletos y calcular cuánto se va cobrar por los pozoles y el alcohol. Soy muy agria en ese sentido, lo siento. Ah pero queremos ir de viaje al otro lado del charco el año que viene con los de jazz, oh sí, claro. Por qué mejor no nos ponemos a trabajar -en serio- y nos dejamos de estas mamaditas? Yo que sé, así me educaron. No llevo en las venas la costumbre azteca de la vendimia espontánea y la comida -iuck- siempre frita, siempre grasa. Que me gusta beber, eso que ni qué, pero andar organizando tianguis y cobrando y "ganándole a esto y a aquello" ash, qué hueva. Ni pex, adaptándose estaba la gansa.
Anuncios embriagantes/abstención por omisión: me revienta que por *política del sistema* se prohíba pegar posters de concursos de danza en el Tec si el patrocinador es Corona. Uy qué miedo, cerveza. Como si la bola de consumidores por excelencia de garañonas, piñas de Tenango, bacachá le blanc, charanda, vodka de $60, aguas locas y demás chingaderas probablemente adulteradas que absorben estos chiquillos por vía oral en sus fiestecitas extremas fuera a dejar de consumir porque no se anuncie en las paredes que ven durante su trayecto diario al salón de clases. Y qué hay del bombardeo visual que reciben los pequeñuelos al cruzar las puertas de su escuelita-kinder? y de lo que ven cada fin en sus fiestas familiares? Pinches hipócritas. Por eso estamos como estamos. Por atacar el síntoma y no la causa. Ya me encabroné.
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