
- Cuando voy caminando y llevo un billete en la mano, ya sea de alta o baja denominación, a veces lo tiraré al piso sólo para verlo ahí, brillando en el suelo gris, y levantarlo inmediatamente, llenándome así de dicha. Momentánea y artificial, sí, pero como es un acto reflejo, la sensación es muy parecida.
- Si llega a mis manos una cuchara de plástico duro, la morderé poco a poco hasta hacerla trizas, aun bajo riesgo de que queden partes puntudas, mismas que llegan a lastimar labios, encías o lengua. Ahí es cuando me deshago de los restos en el bote de basura más próximo.
- Cuando voy por la calle y se me atraviesa una rata, o me sorprende su mirada descarada y desafiante desde algún terreno baldío, indefectiblemente exclamaré con ternura "ooooiii una raaata... mira su carita!!". Creo que son roedores muy tiernos, y alguna vez llegué a tenerlos de mascota. Bueno, los míos eran ratones árabes comprados, asépticos y nada salvajes.
- Y nada más. Por ahora.
2 comentarios:
Hmm... hay algo detrás de las costumbres que apuntas que me parece muy interesante. Me refiero a la capacidad del ser humano de autoengañarse.
Lo que pensamos en gran medida lo experimentamos. Decía hace no mucho el profesor Punset (http://www.eduardpunset.es/blog/) que el nivel de estrés que experimentamos cuando pensamos en un peligro es muy parecido al que experimentamos al vivirlo efectivamente.
Y esto funciona igualmente en proceso inverso. Si queremos relajarnos no necesariamente hemos de hallarnos en un entorno adecuado si no simplemente... pensar en él.
Me parece milagroso! :D
Un saludo Noelle!
Pd:
Probaré lo del billete... :)
Renton
Renton! claaro si nos podemos autoengañar, pues que sea para cosas buenas, no? digo, al menos para sensaciones agradables .. jejeje la vida misma es un milagro. Ja hoy me desperté muy mística...
saludotes! y checaré la pag. de profesor que mencionas
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