lunes, 4 de junio de 2007

George en George

Soñé que estaba en un restaurant acompañada de mi ex -con quien estaba muy acaramelada- y su madre, cuando a través de la ventana veía que George Harrison se bajaba de un coche deportivo rojo y pasaba caminando despreocupadamente.

Era el George de los 70's pero sin tanto pelo, y tenía puesta una playera con su imagen, para ser exactos, la imagen suya de la portada de Let it be. Lo comentamos entre los presentes, y no pasó de ser un hecho casual, como quien habla del clima o de la ropa de los transeúntes.


Después me daba cuenta de la magnitud de los hechos, y pensaba: "pero es que George ya está muerto!", y lo comentaba a los presentes, pero nadie hacía mucho caso.


Y he aquí algo que escribí hace como 5 años a razón del mencionado episodio de los 20, con el mismo sujeto del sms del post anterior. Soy un animal rencoroso y obsesivo, lo sé. Me vino a la mente porque su actitud en sí sigue siendo la misma, así como la mía sigue siendo igual: somos tan recurrentes.

Canción de la herida absurda

Mi más sincero desprecio, te lo dedico, inocente
me agrada desconocerte.
Dame la oportunidad de cederte mi silencio
pero no un silencio manso, sino uno afilado y estrecho
si es posible, de hierro
que sea frío y brillante
libre de penas y duro
como el granizo, constante.

Atrapa esta lanza, criatura, defiéndete con las palmas
de tus manos tan seguras.

[permíteme envanecerme
por el don de tu impostura
caballero de alas cortas;
ruega, gloria, a tu figura
que soporte los palacios
endebles de tu ternura
mientras duren tus ensayos]

Concédeme tu eterna ausencia, descalabro de mi ayer
te prometo un nunca honroso, una lozana acritud
y un delicado mirar a través de tu transparencia.




2 comentarios:

Erick dijo...

Increíble. Me fascinó el último párrafo del poema. En este momento se lo voy a dedicar a una ingrata!

Noelle dijo...

qué chido, que algo que escribí con tanta saña le sirva a alguien más para dedicarlo, je! es prueba de la universalidad del sentimiento .. :P
Y como dice el tango, la vida es una herida absurda