domingo, 12 de agosto de 2007

Yo, wedding crasher

Crónica de una gorra inesperada. Algunos nombres han sido cambiados para preservar la identidad de los involucrados. O no.

Sabíamos que había un horario prudencial para llegar. Esto es, después de la medianoche, cuando la entrada se relaja y ya no te piden boletos. Habíamos arreglado con nuestro contacto, Piña, hacer escala en casa de Estelle. Subimos la escalera de caracol con mucho cuidado para no despertar la ira de la anciana casera, y un six pack y una buena charla fueron suficientes para hacer tiempo en aquel pequeño pero agradable cuartito de soltera.

Emilio quería llevarse la lap para poder seguir concursando para el jetta 2008, pero Estelle literalmente lo mandó a la chingada y partimos. En el asiento trasero Emilio, Piña y Estelle iban divertidos con un libro de Donde está Wally, en la oscuridad, hasta que se cansaron y lo cerraron. Marc y yo ibamos hablando de música y de como el coche decididamente no tenía luces.

Llegamos al lugar. Burlamos la entrada fácilmente, previa llamada de Piña a su informante, su primo, amigo o quienfuera que sea quien lo invitó a la boda; a la entrada había un cuadro de la pareja, Ana y Joaquín, estratégicamente colocado para que colados como nosotros nos familiarizáramos con quienes serían las estrellas de la noche. Ya dentro del salón, dejamos que el decorado nos maraville: delicados centros de mesa transparentes, coquetas margaritas blancas y verdes en las mesas interiores, ramas con flores blancas y cazuelitas de velas colgantes en las mesas adyacentes a la pista. La iluminación lo era todo. Discretamente nos transformamos en socialités nadadores, saludos cordiales a los conocidos que iban apareciendo en el camino, esta mesa está muy bien gracias, la cena? sí, claro, que nos sirvan la cena.

Callos, langostino, una carne muy tierna y muchos cubiertos; no fue más que probar cada platillo porque en realidad corsé nunca me deja comer demasiado, y ya había comido algo antes, por las dudas. Los callos me parecieron duros (además del dudoso nombre), el langostino fue raro, y de los medallones de carne sólo pude probar medio. Se siente feo desperdiciar pero bueno, de todos modos iban a hacerlo. El tinto (porque había tinto! no era la gran cosa, un carmenere sunrise.. pero se agradece) se rellenaba en cuanto se vaciaba la copa, y agua, ahh agua, con agua todo es mejor.

Después del postre inició el baile, delicadas cumbias, salsas y todo aquello que prende al populacho, que después de todo, los ricos también bailan. Acto seguido, cuando la gente ya estaba en mayor temperatura, llegó el carnaval. Arlequines y mulatas con frutas en la cabeza, en zancos y con sombrillas de sandía, llegaron con una resbaladilla con luces y palmera incluida para que todos hicierámos la ridiculez de subirnos, conminados por el grupo animador (ya no les temo a los animadores, hace tiempo que ya no). Elegantes damas y damitas se recogían los vestidos para lanzarse sin timidez, adustos caballeros se lanzaban boca abajo, y hordas de muchachones bulliciosos bajaban de a tres, ante el auxilio innecesario de los arlequines.

Siguió la hora disco. El grupo seguía tocando, pero los otrora arlequines en zancos ahora estaban caracterizados con pelucas afro y vestuarios setenteros, y en una suerte de jaula agogo rodante, con techo de colores tipo Billy Jean, llegó la flamante pareja. Cabe mencionar que desde el carnaval se entregó toda clase de cotillon, máscaras, cornetas, diademas de frutas, gorritos, corbatas brillantes, moños a tono del vestido, y demás fruslerías que poco a poco iban tapizando el piso de la pista.

El baile ya era imparable. Ya había pasado el límite en el que la gente elige qué baila y qué no. Cualquier cosa que tuviera ritmo era suficiente para moverse.

Luego llegó la hora de los ritos: un ritual desconocido en el que las mujeres y hombres (casaderos) se dividen en dos y abrazados se van acercando y alejando en pulsiones, muy bizarro, precedió a la víbora de la mar. Mujeres tomadas de la mano corriendo torpemente, en tacones, por todo el salón; hay acaso algo más incómodo, estúpido y divertido que eso? Estelle tuvo miedo de esas extrañas costumbres y mejor se fue a sentar. Después vino la sabaneada al novio (no hubo víbora para hombres, esa suele ser un tanto ruda) y el lanzado de ramo. Lo agarró una rubia platinada con vestido a tono, no sin antes desgarrarlo al pelearlo con una alegre rival.

A partir de ahí todo fue un continuo ir y venir entre la pista y la mesa para beber y refrescarse, alternado por charlas casuales y encuentros con conocidos de otras mesas -este pueblo es un pañuelo-. Casi sin que me diera cuenta llegó la hora Timbiriche, lo cual para mí es hora de irme a sentar pues me es muy detestable, y en efecto fui a sentarme pero no sin antes haber echado un vistazo a los padres de los novios que bailaban en el escenario con el grupo, acompañados de los primos disfrazados con esos horribles overoles amarillos, idénticos a los de los boluditos ochenteros, debo decirlo.

Marc y yo bailábamos y charlábamos de todo un poco, me mencionó de su "reunión de hombres" en la que fui tema de conversación y por la cual fue muy felicitado, ja! y seguimos tomándonos fotos a diestra y siniestra, para evidenciar nuestra evolución-deterioro a lo largo de la noche.

Más tarde fue la hora mexicana, llegaron los novios en una carreta repartiendo shots de tequila, y ahora los zancudos eran mariachis, charros y charras. Se rumoraba que uno de los hijos de Vicente Fernández llegaría a cantar, pero ya no nos quedamos constatarlo. Después de los chilaquiles, mitad que comí con ganas, y de un poco de banda y demás músicas folklóricas, llegó el reggaeton, pero mis pies ya no aguantaban y no me vino en gana ponerme las pantuflas que regalaban. Se las regalé a Marc, y yo me quedé con el abanico.

Mentiríamos si dijéramos que no nos pasó por la cabeza llevarnos el centro de mesa, pero no era muy viable, por el tamaño.. afónica y contenta llegué a mi casa, agradeciendo internamente a los papás de Ana y de Joaquín por tan inigualable celebración. Y aunque no nos quedamos, aseguro que de cualquier modo lo mejor siempre pasa al final ;)

Arrivederci e buona fortuna.

Advertencia tardía: me quedó medio largo el recuento, tipo sección de sociales extendida, pero ni modo, así es lo feroz y se chingan.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Esta padre tu blog amiga, me dejo pensando, te felicito.

Anónimo dijo...

hola lobo, grazie..
atte.
Noelle