martes, 16 de noviembre de 2010

Dolce far niente

(Mi teléfono celular tiene un rastro de sangre justo en el número 5.

Quiero llamar a la persona que dejó esa huella y parte de su ADN para decirle que era James Dean, James era el Ashtray girl de la canción de Placebo que sonaba hoy por la mañana.)


Estoy muy descansada, por primera vez puedo decir que tras un puente no necesito un día más para reponerme del mismo. Y es que no hice absolutamente nada, sería el colmo estar cansada de eso. Solo amar, comer, beber, dormir, mirar, respirar, hablar, etc. Lo básico, vamos.


De soñar hay poco, de escribir menos, pero intentaré algo, a saber.

De saber ni madres, no supe decir nada: últimamente el discurso se me escapa, voy a intentar una nueva entrada.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Tigre blanco

Anoche soñé con un pequeño tigre blanco, no era adulto aún, yo lo podía cargar.



Que las balas no te alcancen;
para esquivar las granadas,
esclava,
necesitas mucho plomo,
algo de peso en los huesos
poca paz y un cierto odio
que te libre del delirio placentero
de una fe elocuente y mansa.

No crees más en tu espejismo
estás perdida y clavada
en la cruz de tu realismo
por tu mente envenenada.

Sabes poco, dudas todo:
las ideas como hachas
son fatales mariposas
negras, sucias, que te atacan
hasta hacer que rompas llanto
y te derrumbes,
esclava.

Nunca fuiste un tigre blanco
eso sólo lo soñaste
como hoy que amaneciste
contenta, cogida y cansada
y el recuerdo de un cachorro
de enormes garras
claro y feroz en tus brazos
te deslizó en la mañana.

Tienes sed y temes al agua
llegó la hora de lanzarse
al río, al mar, a la nada
el tigre sabrá que allí estás
te encontrará casi ahogada
pero tú puedes nadar
eso lo sabes, esclava.

martes, 2 de noviembre de 2010

Declaración

Ya lo intenté todo. Sexo, drogas (de las "blandas", puro alcohol y fluoxetina, no combinadas, todavía no estoy tan desesperada como para freírme el cerebro con algo más hardcore como la nicotina, o en cantidades realmente preocupantes) y rock and roll. Todo para poder decir "basta!" y dejar de escribir en este blog y ponerme seria, por una buena vez.

Hasta abrí un nuevo (y aburridísimo) blog donde divago sobre algo que creo que es el psicoanálisis. Ash ajá.

Pero qué creen. Qué. Que estoy hasta la madre.

Me estoy volviendo loca, literalmente. Tengo accesos de bipolaridad que son capaces de espantar hasta al más valiente y demente de los psychos urbanos, al insospechado hombre que -hoy por hoy- se atreve a ser mi pareja.

Llego a mi casa cada noche y todo es un hermoso desastre. Ya no tengo uno, sino 2 gatos enormes e infantiles, que a veces se acurrucan plácidos y ronroneantes en mi cama, y que por las mañanas (a veces) se orinan en mi sillón puff rojo, voltean botes de basura y mastican las servilletas usadas, todo para desatar mi ira matutina, misma que se desvanece tan pronto como les doy un poco de su comida y los acaricio maternalmente: "pórtense bien, malditos", antes de irme a trabajar.

A trabajar. Detesto ferozmente mi trabajo, tanto como nunca antes lo había hecho, a mis 29 años de vida, y a mis casi 8 de vida laboral. No es que sea un mal trabajo, no, es que no me gusta; y ahora recién tengo el valor para aceptarlo, y, sinceramente, ese hecho es desolador. Lo soporto por la impía necesidad de sentirme ocupada, por la falta de otra opción instantánea y, por sobre todo, porque allí veo a mi hombre, pero creo que eso nos hace más ruido que la paz que nos podría/debería brindar.

Ah, y por el DF. Sonará provinciano, pero me agrada su libertad, su desenfado y su ritmo veloz. Sus parejas gays por todas partes (bueh, trabajo tan cerca de la Zona Rosa), sus enjambres de tráfico, su vibrante y emplomada cotidianeidad. La posibilidad de estudiar buen alemán y comer cada día en un lugar distinto, sus calles caminables al mediodía y que cambian a cada paso. Por eso puedo amar el DF. Su Condesa, tan odiada por tantos, y que me recuerda tanto a mi Buenos Aires querido.

Fuera de eso que menciono, el amor y el DF, no sé que carajo hago yendo allá todos los días a hacerme pendeja del modo tan atroz en que lo hago. No hallo un sentido verdadero en hacer lo que hago, y ah como me pesa. Como dice Fito en Al lado del camino: "vivir atormentado de sentido, ésta sí que es la parte mas pesada". Y así vivo, por no escribir. Porque en el desastre de mi cuarto no encuentro mi diario, porque me prohibí seguir ahondando en mis "excentricidades". Porque decidí dejar mi propio análisis, ese recuento de miserias que cada noche de martes me dejaba hecha una piltrafa de lágrimas, consciente, sí claro, pero destrozada.

Entonces en este completo desperfecto que es mi vida hoy, en este desbalance en el que me considero viva y enterrada (citando nuevamente al Páez, cómo me llega ese flaco, el próximo sábado lo veo), no puedo más que obedecer al IMPERATIVO de volver a escribir aquí.

No es que lo elija, no siempre hay opciones, a veces hay ciertos catégoricos a los que hay que apegarse, sin cuestionar (ya saben a quién cito):

Habrá que declararse incompetente en todas las materias del mercado.

Habrá que ser abyecto y desalmado.

Me considero vivo y enterrado.

Tendré que hacerte bien, tendrás que hacerme daño.

La brisa de la muerte enamorada que ronda como un angel asesino.

Por eso, y por muchas otras razones más, hoy escribo. Por eso, y sólo por eso, vivo. Gracias. No es tan tarde.