Hoy venía manejando plácidamente, cuando de repente la luz cambió de amarillo a rojo y tuve que frenar avanzando bastante sobre la senda blanca peatonal. No lo hago seguido, de hecho casi nunca, pero esta vez así fue.
Estaba yo en la lela de la luz roja, escuchando mi musiquita en paz, cuando de pronto pasa un tipo caminando frente a mi coche, y zaz que da un golpe con las manos sobre mi cofre, emputadísimo, y me hace unas señas referentes a que estaba yo invadiendo la senda peatonal y casi casi que no mame.
Yo me quedo impávida, sorprendídisima entre digiriendo lo que acababa de pasar y encabronándome a mi vez, y abro la ventana pero cuando reacciono con unas ganas furiosas de gritarle "y a ti qué carajo te pasa, pendejo!!!?? por qué chingados me pegas a mí, si el de junto también está sobre la pinche senda peatonal, puto de mierda!" . Pero obvio no lo hice, me quedé ahí pensando qué gritarle, cuando ya estaba demasiado lejos como para que me oiga y naturalmente la luz ya había cambiado a verde y había que moverse.
Y sí, ya sé que es nefasto pensar con la fórmula: "por qué a mí si el otro también la estaba cagando?", pero en verdad había un tsuru junto a mí que estaba invadiendo justamente de la misma manera y me dio coraje que únicamente a mí ese sujeto tan desagradable me golpeteara el carro con tanta prepotencia. Prepotencia que ya he vivido anteriormente, pero en una situación inversa, es decir, por parte de automovilistas siendo yo peatón, y que ahora me tocó estar del otro lado.
La furia se transformó en impotencia, y la impotencia en sentimiento, y cuando menos lo espero estaba derramando lágrimas de ira por un incidente así de estúpido.
Así es la vida de una canceriana!! jajajjaaja pero bueno, así como viene así se va, entonces mejor respiré, dije ohquelach como voy a chillar por semejante pendejada, y seguí adelante hasta que me calmé.
El punto es que, ya calmada, me acordé de algo que me remite a las decisiones mal tomadas por estar bajo la influencia de un emocionalismo extremo, y como esto te puede determinar la vida entera.
Recuerdo que estando yo recién graduada de la universidad, había empezado a trabajar en HSBC básicamente porque fue lo primero que se me atravesó y todo se dio muy rápido y fácil. Además de haber tenido cierta *sutil* presión paterna, ja!; la realidad es que decidí muy mal, apresurada, con miedo (a mi papá) y prácticamente sin pensarlo, pues nunca me di tiempo de elegir, hacer otras entrevistas, investigar como iba a ser el área en la que iba a estar, mis funciones, las chances de crecer ahí, etc etc etc.
Pero era yo tan ingenua que a mis 22 añitos la idea de un primer sueldo totalmente mío, y un empleo obtenido sin ninguna batalla me parecían suficientes como para conformarme y no cambiar de opinión.
A esto agreguemos que SÍ había otra oferta laboral en el aire....
De la bolsa de trabajo de la escuela me había contactado una muchacha llamada Irais (hasta hoy recuerdo su nombre), ofreciéndome un programa de becarios de alto rendimiento en Procter&Gamble, esos programas donde te entrenan, te hacen pasar por todas las áreas de la empresa y que son diseñados especialmente para chicos recién graduados. Yo le había dicho que no gracias, que ya tenía trabajo, y además, consideraba lo siguiente: había que ir diario al DF o Sta Fe y qué hueva (cosa que ahora hago, ja), era ser becario y no empleado de verdad, y que no era algo seguro ni fácil (había que pasar muchos exámenes). Pero la monita insistía y me llegó a hablar varias veces, a las cuales yo siempre decía que nel pastel.
Pero básicamente había otra razón, la cual nunca quise confesar a nadie, por la cual yo descartaba por completo la posibilidad de probar suerte con Procter and Gamble.
Esta razón era la siguiente: el tipito que me trajo loca durante la carrera, y me decepcionó a mitad de la misma, fajándome sin piedad en la noche de copas de mi cumple de 20 y haciéndose el desentendido al día siguiente, iba a trabajar ahí.
No sé a ciencia cierta si a fin de cuentas él entró o no a Procter, porque ese programa suponía un proceso de selección arduo, tenías que tener buen promedio, y demás etcéteras, pero para mí la sola perspectiva de tener que seguir viéndolo TODOS LOS DÍAS por un tiempo indefinido me parecía simplemente intolerable, y mi lema era: antes muerta que humillada. Tons ps Procter era un NO NO NO.
Y preferí quedarme en el banco tranquilita como ovejita.
Luego todo fue fluyendo entre mí y el banco, a los 2 años acabé renunciando primordialmente por hartazgo, aunque debo reconocer que me encontré con muchas cosas y gente buena allí. 6 años más tarde regresé (por necesidad y creyendo que la que tenía que madurar era yo) a otra área, con otras experiencias en mi haber, en otros tiempos del país, sólo para comprobar que su ambiente no es para mí, que detesto muchas de las ideas y principios que son parte de su esencia, y que decididamente no me veo haciendo una carrera de por vida allí.
El punto es que hoy, 8 años después, me pregunto qué hubiera pasado si le hubiera dado una oportunidad a Procter; tal vez ni hubiera entrado, tal vez sí y me habría gustado, o no, y al año me habría salido... pero qué chingados, el hubiera no existe. Pero fue una opción que descarté por una cuestión meramente emocional, y, seamos sinceros, con muy poca trascendencia en mi vida actual. Hoy por hoy, creo que no habría sido tan difícil tolerar que este cuate trabajara en la misma empresa y además, esas madres son tan gigantes que ni tienes por qué coincidir con ciertas personas aunque trabajen en el mismo lugar.
Entonces mi consejo es el siguiente, amiguitos: cuando tomen decisiones importantes en la vida SEAN ABIERTOS, tengan una mente flexible y no se cierrren por prejuicios tontos, orgullo o alguna parte de su ser que esté herida. Generalmente lo que actúa así cuando está lastimado es el ego, y ninguna decisión basada en éste puede ser práctica, tolerante o sensata.