(ó lo que he aprendido en 17 fines de año, IN A NUTSHELL)
En la secundaria (época altamente cursi para la mayoría de nosotros) empecé a hacer propósitos de año nuevo, 'samamada.
Paulatinamente dejé de hacerlo porque pues... nunca los cumplía. Se sentía genial escribirlos y pensar en esa mejor versión de uno mismo, que se construye con paciencia, si y sólo si se es constante. Eso se aprende: que es muy hermoso el idealismo y el saberse capaz de muchísimas cosas, pero si uno no tiene los huevos para comprometerse con esos "ideales" (hacerlos hábito) con la constancia que exigen, no sirven absolutamente para nada.
Cuando, hace poco, un amigo me increpó con la clásica frase: "y ya hiciste tus propósitos???", yo puse esta cara:
Pero después lo pensé mejor y me dije a mí misma: "no se trata de inventar el hilo negro, sino de retomar buenos hábitos que sabes que eres capaz de tener, pero que por alguna estúpida y sensual razón dejaste de ser constante y por eso LOS PERDISTE".
Estos son los hábitos que quiero retomar:
1. Comer mínimo una ración de fruta al día.
2. Hacer abdominales mínimo una vez a la semana.
3. Ir al gimnasio más de 4 veces al mes (voy 4 porque es el mínimo requerido para que no me quiten el acceso).
4. Escribir en el blog mínimo una vez al mes.
5. Ordenar mi closet mínimo una vez al mes.
6. (este es pretencioso, pero lo he hecho): ahorrar 6 meses de mi sueldo.
7. Leer mínimo un libro cada 2 meses.
Y estos son los nuevos que quiero instaurar:
8. Practicar guitarra mínimo una vez por semana.
9. Jugar dance central mínimo 2 veces por semana.
10. Ser más proactiva en el trabajo.
Sencillo, no? Veremos.
domingo, 9 de diciembre de 2012
viernes, 7 de diciembre de 2012
Sueño con Cyd Charisse
Soñé que iba a salir con mis papás a ver algo así como una obra de teatro. La obra era en otra ciudad y como todo el día había estado ocupada, yo no estaba vestida correctamente, tenía falda y tenis o algo así. La obra de teatro tenía mucho que ver con un libro de Fiona Apple, del cual yo había comprado dos ejemplares: me había quedado con uno y le había regalado otro a mi tío Jorge. Yo ni siquiera había abierto el mío y en ese momento yo lo hacía, desgarraba el plástico del libro. Mi papá me explicaba que mi tío Jorge le había contado lo difícil que había sido no abrir ese libro y venderlo, porque él estaba pasando momentos económicamente muy muy difíciles. Entonces nos disponíamos a ir a ver esta obra/libro, y yo no estaba lista ni había resuelto muchas cosas al respecto. Mi papá estaba algo molesto/decepcionado de mí por mi falta de planeación.
Una de esas cosas que yo tenía que preparar era cómo transportar a la gata siamesa que teníamos, la Dana (quien en la vida real hace un mes que se perdió y no ha regresado). La gata en el sueño era un poco más joven de lo que era en realidad. Yo tenía que conseguir una mascotera para transportarla porque yo me imaginaba el lugar al que íbamos a ir como una iglesia muy grande y desierta, y era probable que la gata se escape.
Estoy decidiendo qué mascotera llevarme, hay una grande como para perro y por poco elijo esa. Pero después me decido por una más pequeñita, que era apropiada pero igual a mí me preocupaba cómo iba a ponerle ahí su caja de arena.
Total que pongo ahí a la gata y finalmente nos podemos ir. Nos vamos en autobús. Resulta que el lugar a donde íbamos era Valle de Bravo (este lugar le gusta mucho a mi tío Jorge y alguna vez ha expresado que le gustaría vivir allí). Ya estamos viendo la obra y ahí se me olvida todo: mis padres, la gata, mi tío Jorge (quien por cierto, nunca aparece). Resulta que la obra era sobre la vida de Cyd Charisse. Ella ya era anciana y se dedicaba a realizar actos acrobáticos. La última escena que recuerdo es una rueda de la fortuna humana, no sé como funcionaba pero eran cuerpos estratégicamente agarrados el uno del otro, formando una rueda gigante que daba vueltas. Cyd se prepara y brinca hacia la rueda, una anciana muy ágil por cierto, y se agarra como oso koala del cuerpo de uno de los acróbatas que formaba la rueda humana. FIN.
lunes, 3 de diciembre de 2012
Seis años son mucho
*Este texto no expresa una opinión contundente, ni muchos menos un vaticinio sobre el actual sexenio.
*Si vienes con la expectativa de leer una crítica política me temo te vas a decepcionar.
* Todas las opiniones expresadas aquí reflejan los severos trastornos neuróticos de su autora
* No se lastimó a ningún animal durante el desarrollo de este texto, sea priísta , panista o perredista. Ni siquiera a un taurino. Ganas no me faltan.
Hoy iniciamos semana con nuevo presidente en este país. Hace 6 años, en 2006, cuando pasaba lo mismo con el ahora ex presidente Calderón, yo tenía 25 años y este hecho me pasó prácticamente de noche, dado que mis prioridades e intereses en ese entonces eran los siguientes:
1. Mi maestría, la cual había iniciado hace 3 meses.
2. Mis clases, ensayos y presentaciones de jazz
3. Mi vida independiente, pues en abril de ese año me había salido de casa de mis padres y había comprado coche.
4. Ir a muchas fiestas, viajes, conciertos y echar suficiente desmadre.
5. Mis amistades y relaciones como parte de mi transición a cierta idea de "adultez".
6. Mis preferencias sexuales.
7. Escribir.
8. Mi trabajo como programadora, el cual conseguí en julio de ese año.
9. Individuos/as random que dizque me gustaban pero ni al caso.
10. Dejar de odiar a mi padre.
En esa época a mí me importaba un bledo lo del plantón en Reforma, lo del presidente "espurio" y el "legítimo", no sabía muy a ciencia cierta lo que era la derecha y la izquierda en México, en fin, vivía en mi pequeño mundo feliz e ignorante. Lo cual para mí en esa época era de lo más genial. Era muy feliz con mi vida y mis intereses.
Ahora las cosas en mi vida son aparentemente similares, también soy feliz, sólo que de otro modo, aunque la percepción de mi entorno y mi postura al respecto han cambiado radicalmente. Mis intereses variaron un poco, a saber:
1. Mi familia y su bienestar, poder apoyarlos y amarlos sin estar metida en la dinámica familiar altamente psicotizada.
2. La relación con mi novio de casi 3 años (la relación, no el novio)
3. Mi trabajo ya no como programadora sino como algo que sí me gusta.
4. Hacerme cargo de mi casa, mis cosas y mis gatos, y disfrutarlo.
5. Ir a las fiestas y eventos sociales que el tiempo y las ganas me permitan.
6. Hacer ejercicio con cierta regularidad.
7. Mantener las pocas amistades que me quedan después de haber discernido (afortunadamente) las falsas de las verdaderas.
8. Disfrutar placeres simples como películas y juegos en mi casa.
9. Pensar dónde voy a vivir el día de mañana.
10. Intentar "planear" viajes y proyectos de vida a mediano y largo plazo.
Aparentemente, y como la mayoría de nosotros, humanitos de a peso,mi mundo inmediato, mis actividades y mis relaciones son las que me absorben y hasta podría decirse que me definen. I, me, mine, diría George.
Y pues sí, pero a pesar de todo eso puedo decir que en 6 años sí hubo algo en mí que se modificó. Desde 2010 mi percepción del mundo inmediato exterior -y quizás también el no tan inmediato- se alteró brutalmente. No me pasó nada feo, sólo fue un abrir de ojos gradual que inició con cambiar de trabajo y venir todos los días al Distrito Federal. Me di cuenta, en primer lugar, de como me engañaba yo sola con intereses amorosos "imposibles" y aparentemente pervertidos. Nada de eso. Era la comodidad de tener algo en que ocupar la mente al mismo tiempo que se evitan los ineludibles riesgos que implica una relación real.
En el nuevo trabajo también me di cuenta de que aunque hay mucha energía positiva y buena vibra, y que si actúas bien te irá ídem, también hay mucha gente estúpida, mediocre, asustada y resentida que actúa de formas peligrosas para todos. No sé decir qué pesa más, eso simplemente depende de como uno mismo decida vivir, pero en mi balanza de percepción del mundo, anteriormente color de rosa, las cosas se empezaron a tornar de un tono más gris, y si bien no me decepcioné del mundo, adopté una postura más desconfiada y reticente, aunque no del todo cínica.
Y finalmente, algo que también se alteró en mi percepción fue la opinión acerca de la dinámica política en el país. Como mencioné anteriormente, antes esto me era totalmente intramuscular. Por mi personalidad "soñadora", mis intereses "artísticos" e "idealistas", mi elección de carrera, mi gusto por la psicología y las "cosas profundas" más allá de los "accidentes del mundano devenir"... pongo todo esto entre comillas porque me parece que era sólo una forma más de ignorar todo eso con lo que no me interesaba lidiar, no porque realmente me conociera a mí misma y esas fueran mis características, si no por simple y sencilla HUEVA.
Ahora bien, no voy a decir que hoy soy activista ni que me afilié a un partido ni que me pongo a discutir de política con cualquiera que me dé pie. Sigo siendo una simple opinóloga digital, y ni siquiera de una forma menos amateur que los medios típicos de estos tiempos (este blog, que actualizo poco, y twitter, básicamente, porque Facebook como foro de ideas en verdad me aburre y castra). Mi cambio se dio a nivel conciencia, y considero que de ahí parte absolutamente todo, dado que la conciencia dirige la acción (y el inconsciente hace de la consciencia lo que se le da su regalada gana, jaja!, pero eso ya es otra historia).
Fue por todo eso que ahora viví este proceso de "transición" (lo digo también entre comillas porque no fue más que un relevo tradicional entre los poderes fácticos de siempre) con mucha más agudeza que hace 6 años, y para mí fue mi primera vez. A mis 30 años empecé a ponerle más atención a lo que dicen las noticias y sobre todo, a lo que no dicen. Empecé a analizar toda la propaganda que me aturdió el cerebro desde que tengo 10 años y a la cual me había vuelto, aparentemente, casi por completo indiferente.
Este análisis no es hacia afuera, es más bien hacia adentro: lo hago para ubicarme como sujeto con distintos grados de conciencia durante un determinado periodo de tiempo. Seis años. El otro día salió este tema en una conversación, y terminé concluyendo que lo que soy es algo así como izquierdista de corazón. Y que tristemente me di cuenta de que en este país no existe la izquierda; esa que yo creía podría venir a empezar a movilizar muchas cosas. Que para que exista esa "izquierda de mis sueños" tienen que darse muchísimas condiciones previas que naturalmente México no tiene en este momento. Que para que se empiece a concebir siquiera esa izquierda y esos modelos ideológicos, antes que políticos, tiene que formarse un distinto nivel de conciencia en los individuos, sí, individuos, porque México antes que sociedad es un conjunto de personas que encuentran soluciones individuales a problemas colectivos (Mañana o pasado: el misterio de los mexicanos, Jorge Castañeda, 2011, Editorial Aguilar).
Por lo tanto, no pienso dedicar ni una línea a quejarme de Peñanieto, FeCal, el Peje ni mucho menos de Chepina. Uso sus nombres de caricatura porque verdaderamente eso son. Somos tan pequeños, tan necesitados, nuestra conciencia es tan infantil, que los personajes que nos representan, que toman decisiones que nos afectan el día a día por mucho tiempo y a quienes les "exigimos rendición de cuentas" son eso, caricaturas, títeres que representan los intereses no de la mayoría, sino de sus amos, y que gracias a nuestra infinita ignorancia e incapacidad de organización se otorgan el derecho de gobernarnos. Y como es natural, se los cedemos, porque pues... nosotros aún no estamos listos para tomarnos nada muy en serio. Mañana todo se nos olvida y seguimos aguantando, mexicanos, como lo indica nuestra historia. O no.
Ciudad de México, diciembre de 2012
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