Auto diálogo mental (formulado al pasar por la máquina de cocacola):-Yo: “aaiissshh es que no quiero tomar agua, pero tampoco quiero coca, ni cocalight, ni ni sprite, ni fanta, ni-“etcétera.
-Otro yo: “aahh pero sos jodida* eh!!??”
*Jodido/a: complicado/, difícil de complacer,
Pues bien, quien lea esto se estará preguntando “bueno y esto qué?” … no pretendo con este diálogo ilustrar mis múltiples personalidades y su interacción, ni la poca variedad de bebidas que hay en las máquinas (hecho que se soluciona fácilmente en la cafetería más cercana).
No.
Pretendo exponer (analizar, entender)
a) Mi consabida habilidad para complicar las decisiones que están 100% a mi alcance.
b) La característica lucha interior entre el “puedo hacer” y el “hago”.
En primer lugar, en lo que respecta al diálogo tomado para el análisis, debo destacar que es tan sólo una muestra, un burdo e irrelevante episodio de cotidianeidad. Lo verdaderamente rescatable es que esta situación se puede extrapolar a muchos otros escenarios no tan superficiales, es decir, como si la vida fuera para mí una gran máquina de refrescos ante la cual yo paso, y cada producto una opción distinta que, por una u otra razón:
- “no es exactamente lo que busco” ó
- “no se me antoja en este momento” ó
- “eso ya tomé ayer” ó
- “la vez pasada que pedí coca Light me dio coca normal” ó
- “chale no tengo cambio” ó
- “y si me traga el cambio”
Y demás ós que podría seguir enunciando.
No me gusta declararme indecisa, más bien diría que soy un tanto extrarreflexiva en cuanto a las decisiones. No que me dé miedo equivocarme (a fin de cuentas, lo he hecho tantas veces…) sino que por tratar de considerar siempre todas las opciones disponibles, mato un poco la espontaneidad y me complico (internamente) antes las opciones, en apariencia, mutuamente excluyentes.
Nahhh lo que pasa es que yo soy la clásica chica Cosmo: la mujer que lo quiere TODO .. jajaja duuh! Por cierto, eso me recuerda que tenía ganas de poner un test tipo cosmo por aquí… ¬¬
Y bien, esta situación generalmente la resuelvo:
a) Reviviendo un poco la espontaneidad en la toma de decisiones, es decir, al chilazo, aumentando así la adrenalina y la experiencia en caso de equivocación.
b) tomándome mi tiempo para elegir, cosa que normalmente hago cuando estoy de humor y la situación lo amerita.
c) directamente no eligiendo, lo cual suele implicar consecuencias ni magníficas ni desastrosas, sino todo lo contrario, además, como diría Yan Pól Sargtgré, hasta no elegir es una elección, de modo que whatever.
Dicho lo cual, voy a la máquina de dulces y galletas a ver por cual me decido, si es que lo hago…cuac!
P.D. 1: si alguien muere de la ansiedad y quiere saber como se resolvió la feroz incógnita de la bebida, la elección (hecha por el método a) espontáneo del chilazo) fue agua saborizada sin calorías sabor naranja.
P.D. 2: mi otro yo dice “bien, entonces si te causa problemas tener opciones, qué pasará cuando en verdad no las tengas????” y yo ahí le contesto que vaya y chingue a su madre.










