sábado, 23 de julio de 2011

sueño # 543624

Yo iba caminando por la calle cuando recibo una llamada de mi novio, me dice algo que no entiendo, y en eso lo veo en la calle con el teléfono en la mano, mirándome. Cuando me ve, se echa a correr. Yo no lo persigo sino que me pongo a llorar y quiero correr en la dirección opuesta. Un detalle es que voy cargando equipaje, una maleta de rueditas.

Antes de poder ir en la dirección opuesta, me encuentro a 2 personas en la calle, un hombre y una mujer, a saber: el hombre era Vladimir, un tipo de muy mal carácter que conozco del trabajo, y la mujer era una gordita de cabello negro, de baja estatura, no identificada. Estas dos personas me invitan muy amablemente a entrar en una casa un poco antigua, y yo lo hago.

La casa es principalmente de madera, y tiene la particularidad de que hay unas vitrinas adornadas con muchos juguetes, pero yo sólo recuerdo los cochecitos. Son varias vitrinas a lo largo de la casa. Los anfitriones, el hombre y la mujer, me informan que todo esto lo preparó mi novio para mí, a modo de regalo. Y luego aparece él y me lo confirma, y ya estamos bien y demás. Seguimos caminando por la casa, que es muy grande, y al final hay un tobogán de agua. Vemos más gente en la casa, hay muchos niños, bebés y mucha actividad. Vemos gente que se lanza por la resbaladilla, pero ya están al final. Yo miro la resbaladilla y veo que no corre suficiente agua como para que uno resbale suavemente, y veo también que es de cemento y se ve rasposo. Miro a mi novio y le pregunto: "raspará?" y el me contesta afirmativamente. Fin del sueño.

martes, 19 de julio de 2011

Valentina Desan de Brandier

Pues bien, no será ninguna novedad pero hoy... a los siquicientos años después me vengo desayunando de los detalles de la verdadera historia de Camila O'Gorman y su romántica tragedia... la cual para algunos lectores del cono sur probablemente sea bastante conocida, sobre todo después de la película que se hizo en los 80's, pero para los que no, aquí les va mi feroz y siempre oportuno recuento:

Resulta que es la historia de una chica de sociedad del Buenos Aires de los años 40's (pero del siglo 19), que se movía en los círculos que le correspondían y era hija de Don O'Gorman, un inmigrante irlandés cuya madre había tenido a bien ser la amante del Virrey de Liniers. Esta señora, su abuela, era conocida como la Perichona (porque su apellido era Perichon y porque era la época en que a las amantes de los virreyes les ponían apodos chistosos, como en Perú la Perricholi).

El punto es que esta muchacha, a sus 18 años, que agarra y que se enamora de un sacerdote que había venido de Tucumán, un tal Ladislao Gutiérrez, también de familia de bien porque el niño era sobrino del gobernador de la provincia. Y lo mejor del caso es que el susodicho, un joven moreno y guapo, recién ordenado a sus 24 dulces años, que agarra y que le corresponde.

Escándalo total, porque cómo va a ser y ella debía casarse bien, y que si se la robó y que si la violó y bueno. Pa' echarle más drama al asunto, ella era íntima amiga de Manuelita de Rosas, la hija del gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, un tipo muy católico y estricto y la manga del muerto.

Total que les vale, y que agarran y se fugan, a fines de 1847, usando pasaportes falsos con nombres rimbombantes: Valentina Desan y su esposo Máximo Brandier; bueno toda una súper aventura: la idea de los amantes era irse a Río de Janeiro a vivir en paz lejos de todo. En el camino, recalan en la provincia de Corrientes, para ser más precisos en el pueblo de Goya (el pueblo natal de mis padres y abuelos) y ahí se establecen y dan clases en una escuela. Todo es felicidad, vida sencilla y harrto amor.

Pero (siempre hay un pero), un día en una fiestecilla los reconoce un sujeto de la capital y los acusa, pues eran buscados por órdenes de los padres de ella; los agarran en julio del 48, y por más que la súper amiga de Camila, Manuelita, trata de interceder por ella ante su padre el Gobernador (que le decían el Restaurador de la Ley y el orden o una mamada por el estilo), tómala que los fusilan a los dos en la Prisión de Santos Lugares, ya más cerca de Buenos Aires. Porque así se hacía en esa época y sin juicio ni nada y órale a chingar a su madre.

Camila estaba embarazada de 8 meses y ni así la perdonaron; los amantes se dieron cartas de despedida ya en prisión, se iban hablando cuando los llevaban, de ojos vendados, al patíbulo, y dicen que Ladislao antes de recibir los tiros de gracia, gritó: "que me maten a mí pero no a ella! miserables!". Ella iba apenas derramando dos hilos de lágrimas, muy entera, y al morir apuntó su mano al cielo como llamando a Dios.

Total que pasaron a la historia como mártires, antes de los 25 años y defendiendo un sueño, porque dicen que si le hubieran pedido un indulto a Rosas se los habría dado, porque a él le daba prácticamente lo mismo si los curas tenían o no sus amantes, total a él qué. Y dicen que a partir de ahí el gobierno totalitario de ese cabrón fue en declive pero bueno eso ya es otra historia.

Me dieron ganas de ver la peli, as usual después de enterarme de estas cosas, o de perdis leer el libro (o los libros, porque de haber, hay un chingo) ja, la huevona y unos cuates, y pues nada, que se me hace curioso que historias de este calibre dramático liguen a 2 ciudades muy queridas por mí, Goya, la cuna de mi familia, misma que hoy sigue siendo un pueblito chiquito pero con una tremenda riqueza cultural y de narrativa de boca en boca, con un sinfín de historias y personajes curiosos, y Buenos Aires, la ciudad en la que nací.


lunes, 18 de julio de 2011

De rodillas te pido ...

... que pienses con sumo detenimiento antes de multiplicarte cual roedor calenturiento.

La sobrepoblación mundial, sus causas y consecuencias. Una opinión.Una sugerencia. Una invitación al uso de anticonceptivos efectivos. Un ya no mamen con moraleja.



No es cierto, no voy a hablar de eso en este su blog relajiento y vacilador (ajá). Ganas no me faltan, pero es un tema que ya dices mmtamales y además no se puede seguir encarando de esta forma, porque a estas alturas la solución no radica en parar de crecer (porque, como es de público conocimiento,en el momento en que los veinteañeros de hoy cumplan 64, el sistema de salud de este país estará colapsado y no habrá quien los atienda) sino de crecer sustentablemente y cosas así...
pero ese no es el punto.

Loquepasaesdeque hoy me tocó viajar en Metro, 17 estaciones, de un extremo al centro de la ciudad, y pues a uno le vienen a la mente esas ideas locas acerca del hacinamiento, la falta de recursos, una ciudad desbordada y demás, y uno piensa "1.- Por qué demonios los padres de toda esta gente no tuvieron 2 hijos en lugar de 4??", ó "2.- Por que toda la gente de todo el interior tiene que venir a trabajar aquí, cuando ya no hay espacio??", ó incluso ya exagerando, surge una terrible pregunta: "3.- por qué todos estos extranjeros tienen que venir a vivir aquí, por qué no se quedaron en su país???"

Con las últimas preguntas me chingo yo solita (y de la manera más xenofóbica y globalifóbica posible,) ya más específicamente, con la segunda me remito al eterno problema de las grandes capitales (porque Tokyo, Londres, Bombay, etc etc etc.. y ahí te quiero ver) y para acabarla de amolar, con la primera pregunta que me vuelvo a chingar yo misma con una postura francamente fascista, ante un fenómeno que se puede analizar y atacar mucho mejor atendiendo a sus causas ideológicas, tales como la deficiente educación, la maldita religión e incluso a los antiquísimos usos y costumbres regionales.

O sea que mejor me callo, y la culpa no es del chancho, sino del que le dio de comer.

Siendo esas conclusiones lo único que aquieta mi agitada conciencia en medio de un vagón atestado en donde un señor (de verdad que a eso olía) desprendía un intenso olor a pescado, me dispuse a tolerar con estoicismo mi viaje, que a fin de cuentas me llevó a tiempo a mi lugar de trabajo y sin haber sufrido (demasiada) opresión pulmonar, desmayos ni toqueteos indeseados, que sería lo más grave que le puede pasar a una damisela en dichas circunstancias.


sábado, 16 de julio de 2011

Todavía

No lo creo todavía
estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría

palpo gusto escucho y veo
tu rostro tu paso largo
tus manos y sin embargo
todavía no lo creo

tu regreso tiene tanto
que ver contigo y conmigo
que por cábala lo digo
y por las dudas lo canto

nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
porque estás llegando a casa

sin embargo todavía
dudo de esta buena suerte
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía

pero venís y es seguro
y venís con tu mirada
y por eso tu llegada
hace mágico el futuro

y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido

y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más
todavía.

Mario Benedetti

Nota: este poema llegué a saberlo de memoria cuando tenía unos 19. Hoy, 11 años después, ya tengo a quién dedicarlo... gracias, mi amor.

martes, 12 de julio de 2011

One headlight

Lotro día llegué al trabajo con los audífonos puestos (cosa que no hago comúnmente porque siempre cargo tantas cosas que no logro coordinarme para mantener el Haipo encendido y no enredarme con los cables al bajar del autobús) y que entro a la oficina escuchando One headlight.

Sonará trillado, pero esa rola me puso muy de buenas para empezar el día. Me trajo el recuerdo de cuando la escuché por primera vez, como a los 12 o 13, una noche en la vieja Caribe café de mi papá, cuando apenas masticaba algo de inglés y lo unico que entendía era home, Cinderella, engine y demás palabras sueltas.

Nunca supe que el tema de la rola era un poco triste, ni supe de los wallflowers ni nada de eso hasta mucho después, pero esa bendita inocencia de la época me transportó a otro estado de ánimo diferente al de 'qué fiaca!' que me cargo casi siempre al llegar a trabajar, saludando a mis compañeros con verdadero gusto y alegría insospechada.

viernes, 8 de julio de 2011

StarSucks, el control mental y la adolescencia aplazada

(de nada de eso voy a hablar en este post, sino que trataré dichos temas en postes posteriores, si es que me acuerdo.)

En cambio, hablaré de un lugar fantástico que conocí hoy llamado Restaurant Casa Rosalía.

Está ubicado en el centro del DF, sobre eje central (Lázaro Cárdenas) a pocas cuadras del Sanborns de los Azulejos.

Para empezar, es un lugar recóndito pues hay que subir unas escalerísimas (como 3 pisos al subir, y 2 al bajar, no sé por qué pero al bajas se siente que son menos... jejeje) muy estrechas, en donde los colores y las puertas condenadas te hacen ver que se trata de un edificio muy antiguo. Si se pone atención, ya en el cartel que está en la entrada se puede uno informar que el restaurante existe desde 1937, así que no es ninguna novedad lo que voy a describir a continuación, pero igual lo voy a hacer.

Desde que se abren las puertas te recibe un amplio grupo de meseros y meseras, todos, me atrevo a presumir, sobrepasan los 45 años. Están caracterizados totalmente como si se tratara de otra época: no sé si situarlos en una película mexicana de los años 70's o en algún tiempo indefinido totalmente, pero decididamente previo a los 80's: el peinado de los hombres, sus bigotes, el maquillaje de las mujeres y las tonalidades naranjas en sus cabellos teñidos. Son todos muy amables, te dan la bienvenida y te ubican inmediatamente en la mesa que desees.

Acostumbrados a recibir clientes durante 70 años, intuyen enseguida cuando estás buscando el baño y te lo señalan.

Una vez sentado, te das cuenta que en la carta están escritas algunas reglas estrictas y algo bizarras:
1. El menú es individual y no se puede compartir
2. La comida no se puede sacar del lugar
3. Los meseros son los mismos desde 1937 y no sería cortés preguntarles su edad real (porque ya dije que aparentan entre 45 y 65 el más viejito?) ni desde cuando trabajan ahí.

Las opciones son sencillas, menú turístico y tradicional, y ambos incluyen paella. Te sirven enseguida, son muy atentos (insisto en que están pendientes del cliente en todo momento), y algo curioso es que la paella te la traen en un platote (para 2) y la mesera te va sirviendo. Muy cómodo. En un momento dado, mi botella de refresco (por ser coca Light) rechazaba constantemente el popote, y de inmediato vino un mesero a solucionarme el problema, limpiar lo derramado, etc etc.

Al inicio te traen un caldito como entrada, en una taza (elegimos eso de varias opciones), después viene la paella, y enseguida traen el plato principal, que de todas las opciones que había, elegí pescado, la opción era empanizado pero yo lo pedí a la plancha y así me lo dieron, con limoncito.

La mesera que nos atendió tenía un maquillaje muy cuidado, pero me recordaba tanto a las revistas de moda de mi tía Dora, octagenaria: mucho blush definiendo pómulos, nariz y mentón, cejas depiladísimas y delineadas de color negro, labios también delineados pero con algo de brillo. Y un chongo muy alto y prolijo.

Apenas terminamos de comer nos trajo el postre, un rico pastel de chocolate -seco!- y sin demasiada crema que quitar, y nos preguntó si nos gustó la comida, a lo cual respondí que deliciosa.

Debo decir que esta experiencia culinaria fue realmente un viaje en el tiempo, me sentí regiamente atendida como toda una dama de los 40's y recomiendo totalmente este lugar, si es que algún día andan por el centro y se les antoja comer algo así y piensan gastarse como $150.

jueves, 7 de julio de 2011

Cuando se va la luz

El otro día, tomando clase de jazz (a 2 meses de haber regresado, después de un añito sabático que me autoreceté), que se va la luz y tómala, que no se suspende la clase sino que al contrario, a chingarle se ha dicho y pues le seguimos.

Es una sensación bien rara, porque al principio agradeces la desaparición del bullicio de la música, mismo que normalmente no notas, porque la música es la música, qué diablos! y es lo que nos hace bailar... pero luego ves que falta y lo que sobreviene es el silencio y pues.. le das la bienvenida!

Entonces, todo se convierte en la voz del profesor, las respiraciones de nosotros los alumnos, y los sonidos de los pies en el piso, los músculos tronando al estirarse...

Se agarra un ritmo colectivo, donde como no hay música todos estamos más pendientes de los cuerpos de todos, sus movimientos y secuencias, atentos al momento justo para salir a la diagonal.

El maestro, en vista de que la luz no vuelve, opta por las palmas para marcarnos los tiempos y dice: "chale, ya parezco maestro de ballet".

Al no haber música que suavice, la concentración en el propio cuerpo, sus límites y sus necesidades, se vuelve imperativa.

Llega un momento, después de las diagonales, en que el maestro debe dar por terminado el ejercicio, pues sin música definitivamente no se puede coreografiar, y así se cierra una clase de poco más de una hora, en la que hubo mucho esfuerzo y bastante aprendizaje.


Es cansado, sí; no es realmente muy relajante (para ninguno, ya sea maestro o alumno) participar en una clase de este modo... pero creo que es muy provechoso... no estaría mal, como sugerencia, que al menos una vez por mes se diera una clase así.... nomás para concientizar sobre todo lo que mencioné anteriormente.

sábado, 2 de julio de 2011

El drama a la orden (28 de Junio de 2010)

Este texto viajó en mi libreta de mano durante más de un año, se mojó, se onduló, se maceró en la historia... hasta que al fin hoy, a más de un año de haber sido creado, me digno a transcribirlo, con algunas actualizaciones y mejoras, gramaticales, no de contenido, sólo para facilitarle un poquito la vida al lector... =)














El DRAMA a la orden

Parece que no soy yo la adicta al drama, es que el drama es adicto a mí.

Pienso que de algún modo atraigo a mi vida situaciones novelescas y álgidas, imposibles, tormentosas o, por decir lo menos, neuróticas; y para cuando me doy cuenta ya hubo más de una señal de alerta, que tomé como prueba de intensa autenticidad, en lugar de salir corriendo como cualquier hijo de vecino en defensa de su salud mental.

¿Qué es eso de "me voy al hospital porque me siento muy mal.."?, le llamo y me dice que se va a morir y que me deja su camisa blanca y sus procesos?

¿Es una broma del azar? (O sólo una broma, je... recordemos que mi segundo nombre es señorita Literal, y a veces las palabras tienen para mí el peso de verdaderos yunques... peso que yo solita les adjudico, aunque sean yunques de unicel, para mí se ven como yunques reales porque... tienen forma de eso!).

En más de una ocasión en mi vida lo he sentido, llegando a concluir que el drama me tranquiliza; cierto tipo de escenas que me son extrañamente familiares, de una incertidumbre en la que tengo la sensación de haber aprendido a nadar.

El coquetear con la tragedia es un lenguaje que llevo tatuado en la médula; no la tragedia real y muda, la que mutila y hay que seguir respirando. No. Es la tragedia insinuada o incluso secretamente anhelada, por eso le decimos el "drama", el preámbulo infinito. La nube negra de tormenta que bien puede o no caer, puede helar la sangre o ser fresco alivio para el ardor.

Por otro lado, no es que dude de la realidad del dolor de los otros, ni en este caso en particular, de la realidad de su dolor. He visto cómo sangra. Y no es que sea yo un ser particularmente impresionable ante la emanación de diversos fluidos, pero creo que sé cuando se trata de verdadero dolor y cuando es una puesta en escena. Si bien en el pasado me han tocado algunos que otros impostores, gente que usaba su malestar como un escudo, en este caso sé que es distinto.

No me pregunto: "¿Por qué a mí?", porque sé que el drama en mi vida está bastante implícito, es modesto y nunca (espero) estandarte. Procuro manejarlo siempre con humor, con discreción y si se puede, ponerlo a trabajar, así es que cuando puedo escribo algo, que puede ir de lo vergonzosamente patético hasta lo airoso y liberador. O también a veces bailo y transpiro las gotitas de angustia que guardo en la epidermis.

Lo que me pregunto es: "¿Por qué ahora?", "¿Por qué él?", "¿Por qué así?".

¿Por qué ahora? porque ayer lloré como una bestia por creer que hice mal, porque el viernes me entregué a darle cariño y tal vez era muy pronto (nunca es pronto, nunca es tarde...), porque temía que después de esto se alejara... porque sucede que cuando uno regala miedo y drama innecesarios, la respuesta que uno recibe es más drama. Así de simple.

¿Por qué él? porque de todos los ojos en los que me pude haber fijado en estos 2 meses, me fijé en los suyos. No me interesé en nadie más, sólo en él. Porque pude llenar un vacío con una pregunta: "tal vez?...". Porque él me buscaba (ya hasta hablo en pasado, como si algo ya se hubiera terminado... stop! drama!) y yo me dejaba llevar, como si eso me aliviase de algo, y me aliviaba. Abandonarme en alguien más (en él) era gran fuente de calma, y de placer. Abandonarse está muy cerca de perderse, es el primer requisito. Ergo, he ahí el camino al drama.

¿Por qué así? ¿Por qué de un día para otro todo puede cambiar? O no. Yo quisiera que lo esencial no cambie, conservar su compañía, continuar la complicidad. Ayer me desgarraba la angustia de perderlo... perder qué? Perder la ilusión de estar juntos algún día, perder una idea de un golpe, todo por 3 instantes de placer, por 3 orgasmos que me alejarían de él para siempre.

¿Pero en verdad tiene que ser así?

Creo que hay dramas mucho más desoladores que el irreversible -pero a fin de cuentas, inocuo- hecho de que un hombre y una mujer se vean desnudos. No tiene nada de terrible que se descubran los cuerpos por primera vez, que se toquen y se acaricien con hambre y sed.

Entonces no queda más que darse cuenta de algo muy sencillo pero muy difícil de entender cuando se es joven y estúpido e impaciente, como diría don Juan (el yaqui, el chamán, no el mujeriego): antes de tirarte al drama de cualquier especie, es bueno pedirle consejo a nuestra muerte, que nos acompaña siempre a nuestra izquierda, susurrándonos por encima del hombro. Nuestra muerte, dulce muerte. Ante su implacable realidad no hay tiempo para nada más que para la vida.