jueves, 23 de noviembre de 2006

ocurre que

Ocurre que no mucho qué decir, sólo fucking examen de entorno económico en el que me (atoré) hermosamente, aun falta estadística hoy mismo, ganas de dormir y gracias al cielo que esta ruda acidez en el esófago ya no tan incipiente (herencia de los dos años en Hong Kong and Shanghai Beautiful Confinement) está cediendo porque desde ayer que no puedo probar bocado.

Pero como sé que a nadie interesan mis fallos académicos, falta de sueño o problemas gástricos, mejor dejo un texto que es parte de uno de mis libros de cabecera (jaja, o sea de aquellos que pongo bajo las patas de la cabecera de mi cama para estabilizarla, tambien tengo libros de mesa y de reposo, entiéndase): Siddharta, de Herman Hesse (que por cierto me lo regaló un primitivo ser, muchas gracias, muchos besos), y que no sé por qué ahora me habla muy directamente:

Siddharta se inclinó, levantó una piedra del suelo y la sopesó en la mano.
-Esto -declaró mientras jugaba-, es una piedra, y dentro de un tiempo quizá sea polvo de la tierra, y de la tierra pasará a ser una planta, o animal o un ser humano. En otro tiempo hubiera dicho:
«Esta piedra sólo es piedra, no tiene valor, pertenece al mundo de Maja; pero como en el circuito de las transformaciones también puede llegar a ser un ente humano y un espíritu, por ello le doy valor». Así, quizás, hubiera pensado antes. Pero ahora razono: esta piedra es una piedra, también un animal, también un dios, también un buda; no la venero ni amo porque algún día pueda llegar a ser esto o lo otro, sino porque todo esto lo es desde hace tiempo, desde siempre. Y, precisamente, esto que ahora se me presenta como una piedra, que ahora y hoy veo que es una piedra, justamente por ello la amo y le doy un valor y un sentido en cada una de sus líneas y huecos, en el amarillo, en el gris, en la dureza, en el sonido que produce cuando la golpeo, en la sequedad o humedad de su superficie.
»Hay piedras que al tocarlas parecen aceite o jabón, y otras semejan hojas o arena, y cada una es diferente y roza el Om a su manera; cada una es Brahma, pero a la vez es una piedra, esté grasienta o jabonosa, y precisamente esto es lo que me gusta y me parece maravilloso y digno de adoración.
»Pero no me hagas hablar más sobre todo ello. Las palabras no son buenas para el sentido secreto; en cuanto se pronuncia algo ya cambia un poquito, se lo falsifica..., sí, y también esto es muy bueno y me gusta asimismo, estoy muy de acuerdo que lo que es tesoro y sabiduría de una persona, parezca a otra una locura.

No hay comentarios.: