miércoles, 9 de enero de 2008

Pensar antes de actuar.
Para algunos, lo sabio, para otros, la perdición. Si bien hay ciertas disposiciones del carácter más tendientes a la espontaneidad, al impulso y a la mera acción, el ser humano se caracteriza por la habilidad para entender las motivaciones de sus actos, reflexionar las posibles consecuencias de los mismos y elegir de entre un amplio abanico de actitudes que tomar ante una determinada situación.

Somos reactivos, como toda forma de vida que interactúa con un ambiente que lo rodea, pero como contraparte también tenemos la capacidad de ser creativos, de innovar, y, por sobre todo, de decidir.

Vivimos haciendo equilibrio en una cuerda floja, de un lado nos sostiene la razón, del otro extremo, tiran con fuerza los sentimientos. Si se afloja un lado, nos volvemos pasionales, intempestivos, divertidos pero insufribles. Si se afloja el otro somos rígidos, severos, prudentes y contenidos.

Yo me considero -seguramente por culpa del cabrón de Saturno y ese ascendente en capricornio bajo el que nací, - a veces demasiado prudente, es decir, muy tirante la cuerda del lado de la "razón". Lo cual, debo reconocer, me ha ahorrado unos cuantos incovenientes a lo largo de mi existencia: recuérdese que uno de mis fines en esta vida es disfrutar al máximo todo lo que ella me ofrece, evitando a como dé lugar el dolor o malestares. Pero también hay que admitir que la impulsividad, la libertad de actuar sin pensar en las consecuencias, el dejarse llevar por la emoción me han regalado un sinfin de satisfacciones que no estaría dispuesta a renunciar por nada del mundo. Ni siquiera por evitar aquello que llamé "errores", nel, cuando me dejo fluir es realmente cuando más gozo. Cuando me permito sentir. Por eso me gusta tanto la gente espontánea, la gente libre y cambiante, curiosa, llena de vida.

Porque en parte así es como quiero ser, recuperar esos rasgos que de niña tuve y poco a poco fui reprimiendo. Me gusta como soy, tranquila, observadora, inflamable, pero adoro cuando encuentro mi propia chispa y me regocijo en esa confianza. Con pocas personas puedo compartir esa chispa, dejar que la descubran. Esas pocas personas son mis seres más queridos, los que conocen mis historias, no les sorprenden mis manías, los que redescubren mis largamente sepultadas cosquillas. Estando con ellos me olvido que si la pasión, que si la razón... el equilibrio fluye solo y no hay nada como columpiarse y hacer maravillas en el aire, sin temor a caerse, sabiendo que no hay red.

Imagen: mirame by celiaa, deviantart

3 comentarios:

alejandrapiam dijo...

ahhh, qué delicia de post.
Dejarse caer, y cuando más nos lanzamos, menos caemos.

tu amiga
alejandra, luchando contra el unplugged.

Noelle dijo...

ssiii dejate caer como dicen tus compatriotas Los tres....!!
Y por que luchando contra el unplugged?? jejeje
abrazotes para ti

Erick dijo...

A veces, pensar en que ya no debo pensar tanto, me hace pensar de más y así, perdido en reflexión inútil, vivo como si no pensara en lo que vivo... ¿será normal?

Qué buen post! Ya extrañaba visitarte y leer tus buenas y feroces letras.