jueves, 11 de febrero de 2010

"...Y mis manos nerviosas se aquietan
en cruzado ademán de reposo"
de Insomnio, Juana de Ibarbourou, Las lenguas de diamante.


Tú dices que al comer acaricio mi comida, suave-insistente con el tenedor,
que tengo un tic nervioso.
Dices que soy distraída, tal vez un peligro andando.
Que debería adquirir un seguro con amplia cobertura -me conoces-.
Dices. Tantas cosas dices.

Te tapas la boca con una mano, haces un gesto y me miras, ríes con los ojos
y yo te digo... "qué?", me dices sonriendo que "nada!", y nos reímos de la idiotez.
Tiras el limón al apretarlo, sin querer. Nos volvemos a reír tontamente
como si de algo fuéramos cómplices.

Vamos a fumar -bah, te acompaño- y el sol y el viento y las nubes de lluvia nos tienen ahí.
Te digo que va a llover y me dices que es tan increíble poder predecirlo...
me hablas de cuevas y de golondrinas que saben vivir allí.
De peñas y desiertos que no conoces y quieres sentir.
Te hablo de mis ciudades fantasma, de mis montañas con nieve, y de playas a las que fui por huir de ti.

Quieres que muera de celos y envidia y todo eso,
porque vas a Diana Krall y a Cranberries y a Massive Attack.
Quieres verme caer, pero no lo logras: no frente a ti.
No me importa nada, ni siquiera haberte dicho antes que te pareces
un poquito a House.
(por la barba y la nariz, solamente. Y por la amargura.).

Siempre digo: no quiero volver a verte nunca jamás... hasta mañana. O hasta que me vuelvas a buscar.
Eres imperativo, demandante... me dices "ahora!!! tengo hambre!!"

y qué hay de MI hambre?
No seas impertinente, jovencito, te digo.

Pero en serio sí, ya vete. No me haces bien. Me pones nerviosa.
Acaricio la comida como si fuera tu cuerpo el que voy a saborear.

Déjame en paz si no vas a tomarme.

Vete con ella y regrésala a su casa temprano -antes de las dos-
no vaya ser que su papá te esté esperando afuera.

Búscame solo como primera opción, nunca como segundo plato.
Nunca para ir a los Black Eyed Peas porque ella no podía. No lo hagas.
Me puedo emborrachar de la rabia, de intuiciones.

No eres lindo, no eres gigante. Eres pequeño e infantil, y dueles.
Incitas a cuidar, a proteger no sé de qué.
En total desmedro mío, en total autonegación. Tenerte cerca es autodestructivo y a la vez...
energizante.

Estar contigo es una deserción y un oasis... malditos gustos comunes. Malditas las coincidencias, las horas y los lugares.
Esto no puede ser un puto poema.

Es una chingadera, y yo misma la elegí.
Déjame ya comer sola, nerviosa y sola, tranquila: acariciándote.

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