jueves, 11 de marzo de 2010

Las rupturas, los desgarres, lo que no se nombra, lo que engrandece.


Vivir cada ruptura como un necesario desgarre es poco más que un desatino; es desvelo, es un desierto lleno de piedras de río: un absurdo, un mar sin cielo.

No sé, no quiero, no entiendo; no voy a indagar qué pasó. Pero tampoco quiero volver atrás. No quiero volver a ese mundo en donde tanto dependía de tu sonrisa, tanto del calor de tus miradas. Era demasiado.


Y nadie es víctima de nada. Cada quien es su propio héroe, y también su victimario: la imaginación es el flagelo, el deseo es el móvil, el cuerpo es el destino. La voluntad es el remedio.

Quiero volar muy lejos. Quiero olvidar todo y volver a respirar un aire fresco, dulce y tranquilo. Dejar de sentir esta opresión en el pecho. Aprender a cerrar la puerta sin hacer tanto ruido. Caminar despacito hacia algún lado y acariciarme el cuello.


A fin de cuentas todo pasa. Todo vuela como el tiempo. Todo cambia. De hecho, tú así lo has decretado, y yo no puedo más que estar de acuerdo.



En cuanto a tí, corazón... sí, tú, el otro... sé que amenazas con alejarte, pero en realidad nunca lo haces. Y es que yo no te dejo ir. Sigo sin saber negarme. Te quiero estático: congelado, intocable.

Es la única forma de tenerte. Eligiéndote imposible, ajeno, inviolable. Si tú me tocas, me deshaces, y lo sabes. Por eso también me tienes a raya, y así nos tenemos los dos.

Vivir una ruptura como un reposicionamiento, vivir un desgarre como un par de alas que nacen.

Imagenes: Ballerina Project

1 comentario:

Said dijo...

Siempre es importante tener a alguien un cerca, pero lo suficientemente lejos para jamás tocarlo... alguien que estuvo bastante cerca alguna vez como para ponernos una piedrita en el zapato, pero a la vez tan lejos como para no haber visto todas las cosas que hubieran estropeado la relación...

Creo que solo me proyecté y desvié del tema...